El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha declarado recientemente que estamos viviendo los días más duros de la crisis. Pudiera ser. Que el crédito volverá tan pronto se complete la reforma financiera. Pudiera ser. Pero el ejemplo de Irlanda nos fuerza a ser, en este sentido, cautos.
Irlanda es aquélla economía que ocupaba el puesto de cola en la CEE cuando entraron España y Portugal. Ni Grecia era más pobre que Irlanda. El nombre del país está asociado, en el imaginario de la gente, a la pobreza absoluta, a la miseria y al
hambre del que huyeron millones de personas desde mediados del XIX. Hoy es todo lo contrario. Es el cuarto país de la Unión Europea y el sexto de la OCDE en PIB per cápita, con 42.132, por los 32.197 de España. Pero Irlanda es, también, el país que más se ha dejado llevar por la montaña rusa del crédito, del boom inmobiliario, del rescate a la banca, de la transferencia de esas descomunales pérdidas a la deuda del Estado.
Informe tras informe, organismos nacionales e internacionales, públicos y privados, ponían a España y a Irlanda juntos. Nuestro país, bien lo sabemos, también se ha visto arrastrado por un tsumani de crédito que hemos volcado sobre el sector inmobiliario. El desastre que deja su retirada, en forma de recesión y de un paro brutal, se ha querido tapar con deuda pública, una deuda que no deja de crecer. Deuda privada y deuda pública. Ese es el exceso que ahora toca corregir.
¿Qué está haciendo España al respecto? Lo podemos ver en
estos datos del Banco de España, que registran la evolución de la financiación de los sectores no financieros residentes en España. El saldo de la financiación apenas se ha movido en los últimos tres años, y si lo ha hecho es al alza. 2.767 billones de euros en diciembre 2009, 2.844 billones en 2010 y 2.862 en el último mes de 2011. Los últimos datos, provisionales, de 2012, son de septiembre, y arrojan un saldo de 2.871 billones de euros.
Aunque el saldo total no llega a crecer al 2 por ciento desde octubre de 2011, tampoco baja ese crecimiento del 1 por ciento. Eso no quiere decir que no haya cambios. Porque sube aceleradamente la financiación al sector público y baja la del sector privado. La financiación acaparada por el sector público creció un 29,3 por ciento en 2009, y desde 2010 se ha movido en una tasa de aumento de entre el 12,2 y el 15,8 por ciento. En septiembre, el crecimiento era del 15,4 por ciento.
En el sector privado (donde el volumen de financiación es mayor), la realidad es muy otra. El efecto crowding out hace que toda la financiación que se lleva el sector público no puede llevársela, también, el sector privado. Como dicen en los Estados Unidos, no te puedes comer un pastel y tenerlo, al mismo tiempo. Llevan estos años de crisis decreciendo, y en los últimos meses el ritmo al que lo hacen es mayor. Con datos ya de octubre de este año, la financiación a las empresas no financieras ha caído un 4,2 por ciento internanual, mientras que en el caso de los hogares el descenso es del 3,5 por ciento.
Quedémonos ahí, porque ahora vamos a ver lo que hace Irlanda. SoberLook publica un
comentario titulado El rápido desapalancamiento bancario todavía frena la recuperación económica de Irlanda. Curiosamente comienza por recoger los índices PMI de los sectores manufacturero y de servicios, que muestran una recuperación en los últimos meses. Pero esa recuperación se debe sobre todo al sector exterior. Porque, como señala el autor, “desafortunadamente, la economía irlandesa todavía está siendo frenada por sus sistema bancario en problemas. Los bancos irlandeses están en un camino de rápido desapalancamiento desde (el comienzo de) la crisis financiera. Y gran parte de ese desapalancamiento es a expensas de los créditos al sector privado”.
El comentario se acompaña de un gráfico que recoge el volumen de crédito de los bancos irlandeses. Es un gráfico en forma de campana, que describe una empinada curva ascendente desde 2003 hasta mediados de 2008, cuando comienza a caer precipitadamente. Es la misma curva para la financiación total y para el sector privado.
Si el desapalancamiento de los bancos, que incluye la reducción de la financiación al Estado y al sector privado, era necesario en el caso de Irlanda, ¿qué ocurrirá con España, que siguió un camino parecido, aunque no tan disparatado, y que todavía no ve que caiga el crédito más que para el sector privado? Ese es uno de los grandes interrogantes que queda de la economía española.
Una parte de la respuesta es la reducción del déficit público, que podría dar más aire al sector privado. Otra parte de la respuesta es la mejora de la competitividad de la economía española que, tras los ajustes de estos años, es ya palpable. Y aún otra parte de esa respuesta, relacionada con la anterior, es que el capital extranjero vuelva a interesarse por nuestro país.