Martes 11 de diciembre de 2012
Santiago Cervera, diputado navarro del PP, dimitía ayer tras conocerse su presunta implicación en un intento de chantaje al presidente de Caja Navarra. En honor a la verdad, hay aún muchos cabos sueltos en todo este asunto -que deberían aclarar tanto desde UPN como desde sectores del socialismo navarro- aunque no es menos cierto que los indicios que se han ido conociendo dejan en muy mal lugar a Santiago Cervera. Por otra parte, su pronta dimisión y la prudencia de Génova son cuestiones dignas de mención.
Desgraciadamente, este caso no es el primero ni será el último protagonizado por la conducta poco ejemplar de un político español. Hace pocas fechas, el alcalde de Sabadell dimitía “por una temporada” ante su implicación en el caso Mercurio, causante también de la caída del “número dos” del PSC y de la también socialista alcaldesa de Moncada i Reixac. Está también el asunto de las finanzas de Artur Mas y la familia Pujol, y en Madrid, los vínculos de altos cargos del Ayuntamiento con la empresa que organizó la fiesta del Madrid Arena en la que murieron cinco jóvenes. Así las cosas, resulta plenamente comprensible que los españoles sitúen a la clase política como un problema casi de las mismas dimensiones que la crisis económica o el paro. Y precisamente por estar España viviendo momentos tan delicados, lo menos que se le puede pedir a sus representantes es un mínimo de ejemplaridad, en lugar de ir de bochorno en bochorno.
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