bienestar
Jueves 24 de abril de 2008
“Hay un silencio inhabitual”, “la casa parece vacía” o “nos falta algo” serán las expresiones más habituales que dirán los progenitores, invadidos por un sentimiento de extrañeza y soledad al que no estaban acostumbrados. Los hijos se han marchado, cumpliendo su ciclo, y ellos no estaban preparados para afrontarlo, ya que han entregado gran parte de su vida a criarlos y educarlos. Pero, como guinda del pastel, se crea otra situación con la que no contaban: vuelven a estar solos, con la diferencia de que ya no son lo mismo de antes.
La fatiga física y mental, la inadecuación sexual, la depresión, el estrés laboral, la adicción al alcohol y a la nicotina son algunos de los riesgos con los que se encuentran los padres en esta nueva época de convivencia. Y, aunque estos desajustes los sufre la pareja por igual, sería injusto no destacar que la madre vive este paso de una manera más traumática, sobre todo si son amas de casa que no han trabajo fuera del hogar y han construido sus días en torno a las necesidades de sus hijos. El “shock” para ellas es mucho más radical. Ahora tienen que encontrar un nuevo sentido a sus vidas. Una situación que, en muchos casos, llega a crear crisis fuertes en la pareja y más si su relación se había convertido en conflictiva y habían ido tapando sus carencias volcando su atención en sus vástagos.
Los psicólogos animan a enfrentarse al síndrome con un pensamiento positivo e incitan a ver esta marcha como una nueva oportunidad para recuperar su independencia y su propio espacio. Es el momento de retomar las ilusiones y los proyectos en común que hasta ahora no hemos podido realizar. Otra manera de sobrellevar el vacío es buscar cómo llenar el tiempo libre, con nuevas aficiones, realizando algún deporte o apuntándose a clases de pintura, por ejemplo. Pero, sobre todo, todos los padres deberían asumir que “los hijos han crecido y madurado como personas adultas, capaces de tener una vida independiente y con la suficiente autonomía para enfrentarse ellos solos a la vida y a las dificultades cotidianas. Al final, esto es lo que todos pretenden con la educación que les han ido dando a lo largo de la vida”, dice la psicóloga Trinidad Jiménez, de la Universidad de Granada.
El síndrome de Peter Pan, la excepción que rompe la regla
Aquel niño que se negaba a crecer y que inspiró al escritor escocés james Matthew Barrie dio el nombre a los psicólogos para llamar de alguna forma a los adulto que tienen miedo a asumir sus responsabilidades. Como ocurre, más de lo que desearíamos, en España, donde según estudios sociológicos, siete de cada diez españoles menores de 34 años aún no se han independizado de sus padres. Y es que en nuestro país la falta de medios económicos y de un trabajo estable, así como el encarecimiento de la vivienda, motiva que muchos hijos no abandonen el dulce hogar, según precisa el doctor Brosnos. Este hecho también afecta a los padres de una forma grave, “ya que en muchos casos acaban manteniendo hasta a tres generaciones en su casa: el abuelo, los hijos y los nietos”.