Miércoles 12 de diciembre de 2012
El Gobierno israelí sigue sin digerir bien el estatus de “Estado observador” otorgado por Naciones Unidas a Palestina. Benjamin Netanyahu, que siempre se ha mostrado partidario de la política de asentamientos -ilegales, por otra parte-, respondió ante este hecho anunciando la construcción de 2.900 nuevas viviendas en Cisjordania y Jerusalén Este, con todo lo que ello implica. Y ante el firme rechazo de la Unión Europea -más el descontento norteamericano-, Netanyahu no ha dudado en afirmar que “las colonias nunca han sido un obstáculo para la paz con los palestinos”.
Si el primer ministro israelí quiere seguir adelante con una política tan torpe como errónea, allá él; pero, al menos, que deje de justificar lo injustificable con una falacia semejante. Vaya por delante que uno de los principales obstáculos para la paz son los métodos terroristas de Hamas y la falta de liderazgo de Mahmud Abbas. La convivencia no se construye lanzando cohetes Katiusha, pero tampoco levantando edificaciones en suelo palestino. Las políticas mencionadas no son equiparables, pero ambas son claramente perjudiciales. Y hasta que Benjamin Netanyahu no deje de provocar, será muy difícil volver a albergar esperanzas en un proceso de diálogo que, dicho sea de paso, ninguna de las dos partes -sus líderes, al menos- parece demasiado dispuesta a reactivar.
TEMAS RELACIONADOS: