La reforma laboral fue una de las primeras que acometió el gobierno de Mariano Rajoy: fue el 10 de febrero cuando recibió el visto bueno del Consejo de Ministros. Bien es cierto que entonces Rajoy y los ministros parecían dispuestos a seguir un ritmo de reformas importante, que antes de verano ya se secó, y que desde entonces prácticamente se ha detenido.
Valeriano Gómez, portavoz de economía del Grupo Socialista en el Congreso, le ha preguntado al ministro Luis de Guindos si cree que la reforma laboral ha contribuido a mejorar la situación de nuestra economía frente al exterior. La pregunta venía a cuento de que este juicio lo había defendido el ministro en un
artículo escrito en el diario The Wall Street Journal bajo el título
El futuro de España es brillante. Gómez, entonces, recordó a De Guindos algunos datos sobre la evolución del empleo, o más bien del desempleo, con más de 800.000 parados más, casi otros tantos empleos perdidos, y más desgracias del mercado laboral (como la caída de la cobertura con prestaciones) que conocemos muy bien. ¿Cómo puede haber funcionado una reforma con unos números como estos?
Aquí es donde llega la respuesta del ministro. En primer lugar, estamos cerrando el déficit exterior: de endeudarnos con más de 100.000 millones de euros en un año a prácticamente financiarnos con nuestros propios medios. De comprar en el exterior más de lo que vendamos fuera a tener una balanza comercial positiva. Bien, pero ¿qué papel ha jugado la reforma laboral en este aspecto?
Ese cambio, dice De Guindos, “no es casual, indica una mejora de la competitividad. Y es cierto que los costes laborales unitarios empezaron a corregirse en 2009, pero por la vía errónea, a través de la destrucción de empleo. Ahora se está yendo por la vía adecuada: la de la moderación salarial y la productividad, y eso es gracias a la reforma laboral”.
Pero si sigue destruyéndose empleo, ¿cómo puede decir eso? Porque precisa a continuación que los costes laborales unitarios han caído un 30 por ciento en los dos últimos trimestres, "sin apenas destrucción de empleo
en el sector privado", que es el que compite en el exterior.
Domingo Soriano, en Libre Mercado,
explica cómo la reforma laboral sí está logrando una flexibilización del mercado: “Poco a poco, los despidos están dejando paso a las reducciones de jornada, sueldo y a otro tipo de cambios en las organizaciones. Al que le toque una reducción de jornada y sueldo del 30-40 por ciento no le hará maldita la gracia. Pero en otro momento quizás su destino habría sido la cola del paro”.
Los datos corroboran el efecto de la reforma sobre la menor destrucción de puestos de trabajo: “El año pasado, el PIB español creció un 0,4 por ciento pero el paro siguió creciendo, pasando del 20,33 por ciento de la población activa al 22,85. Este año, el crecimiento será negativo, cercano al -1,5 por ciento. Sin embargo, el ritmo de destrucción de empleo no variará mucho respecto a lo que ocurrió en 2011”. Y con una destrucción, ya lo hemos visto, que se concentra en el empleo público.
De modo que sí, funciona, aunque lentamente. Permite la
rebaja de los salarios más que fomentar la destrucción de empleo. Mejora la competitividad de nuestra economía y facilita la recuperación desde el exterior.