Enrique Montánchez | Jueves 24 de abril de 2008
El presidente del Gobierno tiene por delante cuatro años, probablemente ocho al paso que va la derecha, para seguir avanzando en la “segunda Transición” cuya finalidad no es otra que convertir a España en un Estado federal, antesala de la III República. Hace treinta años las fuerzas políticas y sociales alumbraron la mayor alianza de voluntades que hasta el momento se había dado en nuestra historia para dotarnos de un sistema democrático que dejase atrás la dictadura de Franco. Entre ruptura y reforma, los líderes políticos optaron por esta última interpretando el sentir de la mayoría del pueblo español.
En confidencias con sus colaboradores, Rodríguez Zapatero transmite una visión bien distinta de la Transición. Aun a riesgo de simplificar en exceso esas confidencias que llegan a través de terceros, la opinión del presidente se resume en los siguientes términos: la legalidad de la República de 1931 fue truncada por un golpe de Estado militar que desembocó en la Guerra Civil, en la dictadura impuesta por los vencedores durante cuatro décadas y en la Transición tutelada por los neofranquistas. De ahí que Zapatero defienda públicamente que “muchos de los objetivos y de las grandes aspiraciones” de la II República están vigentes.
Y a esta tarea ha dedicado todos sus esfuerzos desde que ganó las primeras elecciones en marzo de 2004. Revalidado su liderazgo por el respaldo democrático de las urnas, se dispone a acometer en su segunda legislatura los cambios y transformaciones necesarios para llegar al Estado federal. Ésta es su “hoja de ruta”:
- Aislar al Partido Popular y provocar su división con el fin de alejarle del poder tres legislaturas, tiempo mínimo para implantar un nuevo régimen. Objetivo nada difícil a la vista de las luchas internas desencadenadas en las filas de la derecha tras la segunda derrota infligida a Rajoy.
- Controlar los órganos del Poder Judicial es un requisito imprescindible antes de abordar la reforma del texto constitucional. Su amigo y juez José Antonio Alonso desde el Parlamento, y Bermejo desde el Ministerio, han recibido el encargo de lograr la plena sintonia entre la Judicatura y el Gobierno.
- Reformar la Constitución, con el apoyo de las fuerzas nacionalistas, es un paso indispensable para llegar al Estado federal. La reforma prevé, entre otros aspectos clave, modificar las misiones constitucionales de las Fuerzas Armadas.
- Consolidar el laicismo (el PSOE ya presentó en 2006 el “manifiesto oficial” sobre la laicidad) por medio de dos arietes: la asignatura de Educación para la Ciudadanía y la revisión de las relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica.
- Culminar la negociación con ETA, avanzar en la cosoberanía de Ceuta y Melilla, y un estrecho seguidismo a Francia como nuevo aliado internacional, completan la agenda del presidente.
Estrategia de pasos muy medidos e inspirada en una visión, cuanto menos, ingenua de la II República. ¿Compensa volver la vista atrás y echar por la borda los sufrimientos y las enseñanzas que nos han deparado los últimos setenta años?
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