Sábado 15 de diciembre de 2012
Aunque muchos expertos políticos y periodistas aseguraban que no ocurriría, Artur Mas y los independentistas radicales de ERC ya han llegado a un pacto de Gobierno y han fijado una fecha para su referéndum nacionalista, que tienen la intención de celebrar en 2014. Los independentistas rabiosos de ERC se están pensando si entrar a formar parte del Ejecutivo y ocupar determinadas carteras o simplemente apoyar a un Gobierno minoritario de CiU, sobre todo en las cuestiones soberanistas, y tal vez, mirar para otro lado cuando Artur Mas meta la tijera en determinados gastos. En cualquier caso, el panorama es desolador. Pues el Gobierno catalán lo único que tiene en la cabeza es el maldito soberanismo. Y con ERC detrás lo tiene chupado.
Tampoco los vascos tienen otra pretensión en su programa que plantear la secesión y separarse de España lo más posible. Y los proetarras de Bildu se frotan las manos a sabiendas de que son el mejor apoyo para tales pretensiones. Ya lo ha reconocido Urkullu y, según ha sabido El Imparcial, las negociaciones van por buen camino.
¿Y qué hará Rajoy? ¿Cómo quedará España? Ya se sabe, que es ilegal convocar cualquier tipo de referéndum en este sentido y que nunca lograrán plenamente sus pretensiones. Pero, por lo que se ve, van a plantar cara, a rebelarse e intentarán seguir adelante por las buenas o por las malas.
El panorama, en este sentido, es desolador. Mientras los políticos de todo el mundo se devanan los sesos para salir del agujero de la crisis, en España el Gobierno tiene que estar más pendiente de las barrabasadas independentistas de unos y otros. España, de momento, lo que está haciendo en este aspecto es el ridículo. Y la batalla que se avecina no va a ser una broma.
Porque los independentistas, que crecen como la espuma, están dispuestos a llegar hasta el final. A sabiendas de que en el camino se encontrarán con obstáculos insalvables y que en Europa no tienen cabida. Pero todo eso les importa poco. Sólo quieren ser independientes a toda costa. No tiene otra cosa en la cabeza. ¿Para qué? De momento, para hacer daño a España e impedir que nuestro país salga antes y mejor de la crisis.
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