Opinión

Rusia, Napoleón, El Cascanueces y James Bond

Marcos Marín Amezcua | Lunes 17 de diciembre de 2012
Quiero empezar este espacio dedicándolo con mucho afecto a dos entrañables amigos: Martha y Sergio, una pareja estupenda que planta cara a la vida y asumió las ganas de vivir en un año complicado, irradiándonos así a quienes los rodeamos y cobijamos. Su entereza y su ánimo me son ejemplares. Pues bien, resulta que cuando 2012 se aproxima a su final y siendo un año que ha deambulado entre la crisis, la memoria y el sobresalto, también nos conduce a reconocer que es uno de los más intensos en noticias en lo que va del siglo, lo que nos conmina a concedernos un respiro, que bien que nos lo merecemos todos ¿a que sí? mientras mengua el exfoliador transcurriendo jornadas, semanas y meses para ser ya parte inexorable de la Historia.

En medio de tanta tribulación, altibajos y jaloneos, de inagotables transformaciones y de vaivenes que no son otra cosa, sino el discurrir de la vida misma, con lo bueno y con lo malo que acarrea, a 2012 no hay que regatearle sendas conmemoraciones en la cultura y el entretenimiento y aún tenemos el tiempo para atenderlas, aunque ya asome la guadaña de Cronos sobre él. Luego entonces, pasen y vean.

Justo en 2012, el 18 diciembre para ser más precisos, se cumplen 120 años exactos del estreno de la afamada suite «El Cascanueces», de Tchaikovsky en la otrora capital de la Rusia zarista, la imperial San Petersburgo, cuyos destellos me son inolvidables al tratarse de un sitio con derroche de boato y poderío aúrico. En tanto, hay que decir que la Suite no es cualquier cosa, puesto que se trata de una entrañable obra clásica propia de las Navidades, apegada al cuento de Hoffman y cuya melodiosa composición es un símbolo renovador de la alegría de vivir y del disfrute más auténtico del arte musical. A «El Cascanueces» lo descubrí casi por casualidad y, prendado de la singularísima pieza, no la he soltado en casi 30 años, siendo infaltable en estas fechas. La maestría interpretativa desplegada por Tchaikovsky es particularmente admirable, por los muchos entresijos melódicos que conserva la rica partitura de la espléndida obra, a la que incorporara a España en su bonita danza del chocolate, ejecutada de la mano de las danzas del Hada de azúcar, del Té y del Café, del Vals de las flores, las Flautillas danzarinas, la excelsa Trepak o la danza de los Polichinelas, también llamada ‘Italiana’ y de otras entre las más renombradas del variopinto repertorio de movimientos en que el compositor hace intervenir a los habitantes del país de los dulces. En México hace décadas que se representa con mucho éxito y es imperdible.

Y es que Rusia no ha dejado de ser noticia en 2012, precisamente cuando se han cumplido dos siglos de la desastrosa invasión napoleónica, que fue la puntilla para el derrumbe del Gran Corso, quien no pudo frente al agreste “General Invierno”, al que enfrentó, si así puede llamársele, ya menguado en sus fuerzas a causa de la invasión a España, confesando que fue en España donde perdió a sus mejores hombres. Rusia tiene para sí levantados no uno, sino dos arcos del triunfo que son una sentencia a Europa de que Napoleón no pudo con ella. Una conmemoración que se suma a otras como la del bicentenario de Dickens, homenajeado a inicios del año y que considero, vale su obra en la medida en que mostró la crudeza de la Inglaterra victoriana, cuya voz discordante denostaba su esplendor, advirtiendo que no era para todos bajo la Pax Britannica.

Pero acaso el aniversario que más ha entusiasmado al gran público ha sido el cincuentenario de James Bond, el agente 007. Ni más ni menos. El afamado agente al servicio de Su Majestad este año se anotó dos dieces que agasajan su aniversario redondo: su última cinta y además, ha estado frente a la mismísima reina a la que sirve ¡y en su alcoba del palacio de Buckingham! para conducirla en plan de “aquíteespero” con la elegancia, el tacto y la decidida prestancia que lo caracterizan, hasta subirla al helicóptero desde el cual la ha lanzado al vacío en la ceremonia de inauguración de los emocionantes Juegos Olímpicos de Londres 2012, para asombro y regocijo del mundo entero. ¡Ja! Mejor forma de celebrar su Jubileo de Diamante no pudo encontrarse Isabel II. El momento ha sido la delicia de todos, yo el primero, y merece recordarse.

Y es que James Bond es mucho Bond, ya se ve. En México ha merecido gacetillas, columnas, reportajes en sendos magazines y antologías. Incombustible figura como lo parece, he preguntado a mi ya referido amigo Sergio, un seguidor del personaje –admirador empedernido– que me ha contado qué es lo que tanto le atrae de esta figura, de manera espontánea y con su autorización reproduzco sus palabras manifestadas a bote pronto: “Como fan de esta exitosa franquicia, hay muchas cosas en las que nos identificamos. (Con su esposa) El viajar es uno de los grandes placeres que compartimos. Se puede decir que somos igual de aventureros que él; nos gusta hacer la cosas a nuestra forma. Amo los autos que conduce, sobre todo el Asto Martín antiguo que usa, aunque podría acostumbrarme al nuevo sin ningún problema”. Y advierte: “De las mujeres ¡qué bruto! el 99% de las chicas Bond son preciosas. En mi otra vida y si no conociera a mi esposa, seguro buscaría ser Bond.”

Esto último escrito como es natural y previsible, casi como una confidencia que reproduzco ahora y solo porque ahora mismo nadie nos lee, obviamente, no sea que mi apreciadísima “chica Bond” que funge como su esposa le cante las cuarenta y se arme la de Dios es Cristo. Quede pues como confidencia entre ustedes, mi amigo y yo. Y que de aquí no salga, se los imploro.

Y concuerdo plenamente con sus valiosas descripciones que mucho le agradezco, que casan perfectamente con la rutilante trayectoria de James Bond, personaje de marras que ha cautivado a un público fiel mientras afronta peligros indecibles sorteándolos exitosamente, que tras una estela de 23 filmes, para algunos suman 25, ha logrado permanecer vigente, reto enorme para actores, escritores y promotores de la bien llamada franquicia, pese a haber nacido al fragor de la Guerra Fría. Parece que tendremos Bond para rato, explotado magistralmente, pues sigue incólume apareciendo con todos los botones bien puestos en su sitio. Pero es que además, dígame usted si no amigo lector en ambos hemisferios, tal pareciera que hay parámetros a seguir, personajes que nos atrapan, nos subliman, que nos significan, que nos seducen en plan “miretúdequémanera” y Bond sigue consiguiéndolo como si no hubiera pasado el tiempo sí con sus más y sus menos, pues también tendrá sus momentos, digo. Es digno de reconocerse, contribuyendo además a garantizar momentos de solaz esparcimiento tasados en miles de millones.

Así entonces, el respiro que les proponía al inicio nos invita a reflexionar, a acercarnos a conocer los detalles de cualquiera de los temas mencionados y ha dedicar momentos al ocio bien planificado, con el fin de ensanchar nuestro deleite y recrearnos en los placeres que pueda prodigarnos la actividad que mejor nos acomode ¿no les parece? Enhorabuena para todos.

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