Opinión

¿Qué haría un asesino sin pistola?

José Eugenio Soriano García | Miércoles 19 de diciembre de 2012
La tragedia de Connecticut, una más en los Estados Unidos, la penúltima siempre, porque habrá otra y otra y otra y las que sean, pone de manifiesto que hay que tener un programa para evitarlas. Y ello exige reflexión.

La cuestión en Estados Unidos es… que Estados Unidos no es Europa. No lo es en nada. Compartimos desde luego, el mundo occidental y ahí, el gran país norteamericano, líder desde hace un siglo largo, es la fuente de innovación e inspiración para todos. Vestimos como ellos, hablamos con sus palabras (OK es la estúpida expresión más repetida entre nosotros, cuando hace apenas una década decíamos “vale”, “de acuerdo”, “bien”… y otras cien más, perfectamente sustitutivas del vocablito de marras), comemos como ellos casi todo los días (en el “tupper” lo que llevan los muchachos a la Universidad o los jóvenes al trabajo es igual a los homólogos del otro lado del Atlántico). Y nuestras películas son las suyas, sin duda, el individualismo creciente, también es el suyo. Y la actitud con el dinero ya es prácticamente idéntica.

Pero hay muchas cosas que nos diferencian. Desde luego, la creencia ilimitada en las virtudes del mercado, está puesta en duda aquí, para bien y para mal. Para mal casi siempre, desde luego, lo cual explica que el ansia de todo joven brillante sea entrar en una organización pública si puede (donde por cierto, se vive luego estupendamente también, no en dinero pero sí en calidad de vida, basada en el esfuerzo muy limitado, abundancia de derechos, vacaciones, complementos…). Pero también, la diferencia en la interpretación de la separación de poderes, permite establecer una serie de limitaciones que resultan ser absolutamente imprescindibles para la vida común. Porque la vida en sociedad, parte de que hay otros y a los otros hay que respetarles, para empezar en el más elemental derecho, que es el de la vida. Y la vida no entra en el mercado, es previa al mismo, con su dignidad, que en frase clásica, sí es inmanente y no se puede suprimir por terceros jamás. En definitiva es lo único que realmente tenemos, si te la quitan, pues te quitan todo.
Y eso lleva, elementalmente, a pensar que no todos los mercados son posibles. Y en concreto, el mercado de arma corta, y en general el de armas, es algo absolutamente prohibible. Se puede eliminar por completo un mercado, en este caso, el mercado de armas. Y no pasa nada. Cierto que en Estados Unidos tiene hasta apoyo constitucional, pero precisamente, las Enmiendas Constitucionales están para eso, aparte de que una interpretación de la jurisprudencia del Tribunal Supremo norteamericano, podría de manera efectiva y real, reducir en gran medida el ámbito de aplicación de semejante “derecho”.
Tradicionalmente en nuestro Código Civil, y procedente del derecho romano (importante: no del anglosajón), existían las cosas fuera de comercio (“res extracommercium”) que no se pueden negociar.

Si un asesino tiene a su disposición un arsenal con solo ir al sótano de su casa, o comprarlo inclusive por internet (depende de cada Estado), las consecuencias son éstas y son obvias. Hay que acabar con esta estupidez de que el individualismo supone que por ti sólo y por ti mismo puedes alcanzar el ejercicio de todos los derechos. Una cosa es creer firmemente en las virtudes propias, en el esfuerzo, sacrificio y trabajo propio y en la responsabilidad también, como parte de tu propia vida y otra distinta es que quieras empezar tu solito todo desde cero.

El día en que se fusionen los elementos de ambas culturas, europea y norteamericana, dentro del Estado de Derecho, naturalmente con base en la democracia, se podrá alcanzar un ámbito mucho más racional de derechos que ejercidos de forma racional también, permitirán alcanzar el respeto a la vida de todos, sin que nadie por su cuenta pueda constituirse en verdugo… simplemente porque le hemos quitado el hacha.

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