Enrique Aguilar | Miércoles 19 de diciembre de 2012
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lanzó recientemente la propuesta de “democratizar la justicia”. La frase, sin duda premeditada, sólo tendrá consecuencias en el mediano plazo si el gobierno consigue sumar adeptos a una causa que, aun contrariando la letra y el espíritu de nuestra constitución, es parte de un proyecto político que la propia presidenta supo cifrar en ese “vamos por todo” (“explícita declaración de intenciones”, como escribió Beatriz Sarlo) que miles de televidentes pudieron leer en sus labios cuando, en un acto público, se dirigió en particular a uno de sus seguidores.
¿Qué significa democratizar la justicia? ¿Significa que los jueces perderán el carácter vitalicio de sus cargos? ¿Significa que su elección estará sujeta al sufragio popular como ocurre con los otros poderes del Estado? ¿Significa también que se los inhibirá de revisar judicialmente las leyes mediante el control de su constitucionalidad? Estos y otros interrogantes afines no resultan novedosos y son parte de un largo debate que afecta a la naturaleza misma de la democracia representativa moderna y a sus presupuestos teóricos.
Por cierto, para quienes sostienen que la expresión “democracia constitucional” es una contradicción en los términos, la posibilidad de limitar la soberanía del pueblo mediante un conjunto de normas estables resulta inaceptable. Sin embargo, es imperioso recordar que cualquier iniciativa que pretenda avanzar en otra dirección requerirá de una reforma de la constitución vigente y, en especial, de las facultades que ésta reserva a los jueces.
Se calcula que no se logrará el quórum necesario después del compromiso firmado por diputados y senadores de la oposición para cerrar el paso a una reforma de nuestra Carta Magna que, solapadamente, continúa siendo impulsada por el oficialismo para habilitar la reelección indefinida. En cualquier caso, hay que estar prevenidos porque, reiterémoslo, “van por todo”, empezando por las máximas del gobierno limitado con las que se ha llevado siempre tan mal el peronismo y que hoy, directamente, son un obstáculo a derribar.
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