Jueves 20 de diciembre de 2012
Esquerra y CIU escenificaban ayer públicamente el pacto de estabilidad al que han llegado para que los nacionalistas gobiernen Cataluña. El objeto más relevante de dicho pacto, de hecho el único, es el referéndum ilegal que ambas formaciones pretenden llevar a cabo en 2014 con vistas a una eventual secesión. Llama la atención que un partido otrora moderado -presuntamente, al menos- como CIU se haya echado al monte de esta manera, articulando todo su proyecto de gobierno en un acto que es contrario a la ley. Ello viene a demostrar que, desde 1978, lo que el gobierno central entendía lealmente como acuerdos, los nacionalistas lo traducían por etapas hacia la secesión y que, por tanto, en realidad, CIU era un partido pacífico, pero radical y extremista.
Ciutadans, UpyD y PP ya han mostrado su firme oposición, como no podía ser de otra manera. El PSC también ha manifestado su disgusto, aunque con bastante menos fuerza moral. Y es que el mensaje de Pere Navarro durante la campaña, auspiciando una suerte de consulta light -con el mismo poso de ilegalidad, dicho sea de paso- y yendo más contra Rajoy que contra Mas no permite mucho más margen. Atenuado, además, al saberse que el PSE ha apoyado a Bildu en detrimento del PP a la hora de sacar adelante presupuestos de diputaciones. Así las cosas, resulta evidente que el socialismo no tiene ni la fuerza ni el convencimiento suficientes como para posicionarse junto al resto de formaciones no nacionalistas frente a la deriva secesionista en Cataluña. Y el concurso de PP y PSOE se antoja fundamental para parar el rupturismo de CIU.
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