Javier Cámara | Jueves 20 de diciembre de 2012
Mi banco no me ha notificado nada al respecto de que se extinga la cariñosa relación hipotecaria que mantenemos desde hace ya unos años. Entiendo, pues, que no entra en sus planes finalizar su actividad en virtud de ninguna maldición, profecía o mal augurio que, procedente de la civilización Maya o cualquier otra, pudiera cernirse sobre nuestras cabezas.
Esto no se acaba, es más, el personal sanitario de Madrid sigue anunciando movilizaciones, los médicos preparan una huelga para el 23 de febrero, la economía nos tiene que seguir dando dolores de cabeza, el Barça tiene que ganar la liga con Tito Vilanova y yo quiero disfrutar la lotería que va a tocar este año, aunque tenga que prevenirme de Montoro.
Ahora en serio, los que sí quieren acabar definitivamente, no con el mundo, pero sí con la idea actual de España son CiU y ERC. Incluso es posible que ni siquiera CiU siga siendo lo mismo no dentro de mucho. Para la nueva, extraña y discordante pareja formada por convergentes y divergentes en lo ideológico sí se acaba el mundo, al menos como lo entienden hasta ahora. Tienen un plan. Saben que no es legal, pero a ellos ‘plin’, como quien oye llover, hay una ruta marcada y creen que la pueden llevar a cabo. Además, cualquier excusa es buena para enfrentarse al Gobierno central.
La consejera de Educación catalana, Irene Rigau, sigue rechazando la reforma educativa del ministro Wert. Que los alumnos son los más lerdos de Europa, ¡a quién le importa!. Son unos lerdos que hablan catalán. De nada sirve explicar que la reforma no va a eliminar el catalán de ningún sitio, que no se va a cargar la identidad catalana y que lo que busca es hacer personas de provecho con un futuro que a poder ser no esté a 10.000 kms de sus casas. La consigna está clara: ¡Cómo se va a equiparar el castellano con el catalán, impensable!
Otro frente, la Sanidad. La conferencia sectorial para aprobar la cartera básica de servicios en cinco áreas se celebró con la asistencia de representantes de todas las comunidades autónomas, excepto la catalana. ¿Para qué? Como todo el mundo sabe, en Cataluña la Sanidad está fenomenal. No hay más que echar un vistazo. Que se cierran quirófanos, se quitan servicios o se paga un euro por receta, eso es siempre por culpa del Gobierno de España.
Efectivamente, el mundo no se acaba porque lo digan los mayas. Y de un guindo (no del que todos están pensando) se tendrán que caer tarde o temprano y volver a la realidad cuando los planes independentistas empiecen a pasar factura a la ‘tocada’ economía de los catalanes. Ya hay empresas que han echado el cierre en Cataluña ante los absurdos planes de los que dirigen lo público en su región y muchas más esperan con los dedos cruzados que los del pacto dejen de decir barbaridades.
Y digo yo: ¿No se dan cuentan de que los ciudadanos estamos hartos ya de tanta bravata? ¿Hasta cuándo va a seguir Mas martirizando con sus ensoñaciones y aires de grandeza? ¿Cuánto tiempo va a aguantar la propia CiU siendo CiU? ¿Qué porcentaje del entramado social y económico de Cataluña necesita ver destruido para darse cuenta de que no ha servido para nada bueno tanto drama?
Señor Mas, deje ya de creerse el salvador de ninguna tierra ni de nadie. La situación puede empezar a volverse más fea. Ya sabemos todos lo que dice el artículo 544 del Código Penal sobre el delito de sedición y ha habido mucho de eso este jueves en el Parlament.
¿No será que Mas realmente hubiera preferido que el mundo se acabara este viernes?
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