Opinión

La rueda de prensa de Monti

Andrea Donofrio | Lunes 24 de diciembre de 2012
Durante una esperada rueda de prensa, el ya ex presidente del Gobierno de Italia, Mario Monti, ha anunciado que no será candidato en ninguna lista de las próximas elecciones, ya que es senador vitalicio. Se trata de un puntualización respetuosa del nombramiento otorgado por Napolitano. No obstante, Monti ha ofrecido “aprobación, apoyo, y si es necesario, liderazgo” a un partido o coalición que adopte su agenda de reformas. Se trataría de una agenda erga omnes, centrada en Europa y sus reformas, orientada a cambiar el país y sus instituciones. El documento prográmatico será publicado en los próximos días y contiene algunas buenas ideas, aunque todavía se podrían proponer más medidas en términos de equidad y ocupación.

Monti se presenta a “su manera”, casi como si fuera un “candidato reluctante”, prorrogando así el clima de incertidumbre sobre la contienda electoral de febrero. Quizás, la única certeza sea su ruptura definitiva con la derecha berlusconiana, formación que sigue asistiendo impotente a la tragicomedia de Berlusconi, cada vez más patético y nervioso. Aún así, se debe reconocer que Monti ha ofrecido una discurso muy coherente y bien argumentado, repleto de ataques indirectos, y con algunos muy directos. Su principal blanco ha sido Berlusconi: Monti ha confesado que le “cuesta seguir los procesos mentales de Berlusconi”. Ya decíamos que la actitud de Berlusconi, una mezcla de demencia senil y populismo antigermánico, resultaba tan contradictoria como anacrónica. Un día criticaba el Gobierno Monti, otro día le veía como candidato y otro como una pesadilla: es evidente que el cavaliere vive una etapa no sólo de indecencia sino también incoherencia. Muy oportuno ha sido subrayar la importancia de las palabras: las palabras tienen un valor, una esencia y una seriedad. No es tolerable que se las vacíe de contenido, o que se interpreten según el propio gusto e interés. Y es cierto lo que Monti ha afirmado repetidamente: ahora los italianos en el exterior sentimos menos vergüenza cuando se habla de nuestro país, sin tener que agachar la cabeza, como en un pasado reciente, ante las mofas y escarnios de los demás. El dimisionario presidente ha dignificado el cargo tras la nefasta etapa de Berlusconi y sus escándalos.

Monti termina su mandato y se abre una campaña electoral dura e incierta, donde su figura tendrá gran importancia. Monti ha preferido una “calculada ambigüedad”, que con toda probabilidad le permitirá mantenerse alejado de una dura campaña electoral, preservando así sus opciones futuras (incluso el posible nombramiento a presidente de la Republica). La ambigua decisión anunciada le permite mantener abiertas todas sus opciones políticas, proponiendo ser el candidato tras una dura (y llena de mentiras y ataques) campaña electoral y unas rendidas elecciones. Podría ser un candidato no-candidato, asistiendo, así no sólo a un mayoría anómala, sino a un candidato anómalo. De todos modos, aunque haya elegido una línea soft, cauta y gradual, cabe esperar que pelearán en su nombre y en contra de él. Tras un año pendientes de la economía y de la prima de riesgo, Italia no debe volver a la perversa dinámica del berlusconismo vs. antiberlusconismo, a lo peor de la Segunda República, a la política del insulto. Todo hace pensar que asistiremos a una campaña destructiva, llena de “golpes bajos” y promesas irreales. Italia necesita promesas concretas y no demagogicas, medidas factibles para sacar al país de la crisis y no inútiles personalismos o riñas de partido. Resulta lamentable que los partidos políticos recurran al populismo anacrónico y defiendan sus intereses personales por encima de las res publica nacional. Cabe esperar que los próximos Gobiernos entiendan las palabra de Monti sobre todo, en tema de intereses personales: un presidente del Gobierno debe actuar por el interés colectivo y nacional, no en defensa de sus intereses personales, elaborando leyes ad nationem y no ad personam.

En su rueda de prensa, Monti ha afirmado que Italia necesita operar “un salto de calidad en el modo en que se ve a la mujer en Italia”, acabando con maneras de “representación humillante”, como la mujer objeto, la velina ministro. Tras este ataque no tan implícito a Berlusconi, a la cultura predominante en sus televisiones/gobiernos, se esconde una triste realidad y la esperanza de que esta mentalidad cambie. Tantos cambios esperan a Italia, empezando por su podrida clase política. Como bien ha recordado Monti, ojalá en las próximas elecciones, los partidos escuchen las sabias palabras de De Gasperi: “un hombre político piensa en las próximas elecciones, un hombre de Estado en las próximas generaciones”.

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