Martes 25 de diciembre de 2012
El Rey ha optado en su discurso navideño de este año en focalizar toda su atención al tema que más preocupa a los españoles: la crisis. Acierta Don Juan Carlos al abordar una realidad que marca el día a día de casi seis millones de familias que padecen los efectos del desempleo, así como también cuando habla del “pesimismo” en que parece instalada una gran parte de la sociedad. Que el Rey anime a confiar en la clase política -“reivindicar la política porque su papel es fundamental en la salida de la crisis” está bien como declaración de buenas intenciones, aunque es un hecho que nuestros políticos se han ganado a pulso el que la sociedad los perciba más como un problema que como parte de la solución. Quizá ahí Don Juan Carlos debiera haber estado algo más crítico, al igual que con la ofensiva nacionalista.
Y es que aquí también la clase política desempeña un importante papel. Los nacionalistas, por su rupturismo y su contumaz empeño en violar la ley. Y el PSOE porque, lejos de estar con el PP en la defensa de la integridad de España parece más ocupado en cuitas de partido o en aprovecharse del rio revuelto nacionalista haciendo el caldo gordo a Bildu en Euskadi y poniendo alfombra roja al pacto CIU-Esquerra en Cataluña. Esto último especialmente está adquiriendo estos días un incipiente protagonismo, toda vez que el nacionalismo catalán ha puesto ya fecha a su ilegalidad secesionista. Habría sido deseable que Casa Real hubiese entrado más de lleno en una cuestión tan importante, en vez de pasar por ella sin mencionarla expresamente. Bien está en apelar a la “política con mayúsculas”, aunque de paso sería bueno ponerle nombre y apellidos; más concreción. La situación bien lo merece.
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