Opinión

El retrato fotográfico de Isabel II

Pedro González-Trevijano | Martes 25 de diciembre de 2012



Hace unos días veíamos en las páginas de los periódicos la sedente fotografía de la reina Isabel II en Downing Street, flanqueada por el Premier David Cameron y el Ministro de del Foreign Office, presidiendo una reunión del Gabinete británico. La primera vez que lo hacía en sus sesenta años de reinado. Alguno de los asuntos tratados era extraordinariamente relevante además para la misma configuración futura de la monarquía británica, como el proyecto gubernamental de modificación del régimen sucesorio, a los efecto de poner fin a la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la más alta magistratura del Estado. Muy lejos quedan pues las graves preocupaciones de la hija de Jorge VI, con ocasión de la muerte de la Princesa Diana de Gales, denominado por ella misma como un annus horribilis (1997). Hoy, por el contrario, y tras celebración de sus sesenta años al frente de la Corona, la Monarquía británica ha entrado en lo que podemos calificar de annus mirabilis.

No es habitual, en todo caso, la presencia del monarca británico en las sesiones del Gabinete. Es más, como nos recordaba el maestro García Pelayo en su Derecho Constitucional Comparado, la deliberación del Gabinete sin la presencia del Rey -que arranca de los tiempos de Jorge I, quién deja de asistir por no dominar los asuntos ingleses, más interesado en los de la Casa Hannover, y después de Jorge II, por no hablar tampoco el inglés, terminaron por independizar el Gabinete de la influencia regia, abriendo la puerta a la caracterización actual de una monarquía parlamentaria. En ella, se afirma hoy con razón, que el rey reina, pero no gobierna, o que disfruta de auctoritas, pero no de potestas. Al monarca le quedan, en las conocidas palabras de Walter Bagehot en su obra The English Constitution, “el derecho a ser consultado, el derecho a animar y el derecho a prevenir.” Así las cosas, sus funciones no son del todo baladíes, especialmente las de consejo e impulso de la vida política británica. Y aún siendo constitucionalismos muy diferentes, no tan lejanas a las previstas en el artículo 56. 1 de la Constitución española de 1978: “El Rey es el Jefe del Estado símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento de las instituciones…”

Ha llovido mucho, desde el reinado de Jorge III, en el año de 1781, en que un monarca británico no presidía las reuniones del Gabinete. Aunque ciertos analistas políticos ingleses nos recuerdan que durante el larguísimo reinado de la Reina Victoria, ésta sí asistió a sus sesiones al menos en dos ocasiones. Pero estamos hablando, en el mejor de los casos, de los lejanos años de 1837 y 1901. Habría que decir, no obstante, que el padre de la actual soberna, el mentado Jorge I, sí acudió también a algunas reuniones del Gabinete durante la II Guerra Mundial, pero era una situación de emergencia nacional, en la que cualquier medio de explicitar la unión de los británicos y el carácter aglutinador y simbólico de la Corona así lo recomendaban.

De estar en otra época, el evento se habría recogido por alguno de los destacados pintores de que han disfrutado los soberanos ingleses a lo largo de los siglos. Recuerden la destacada lista del pasado: Holbein el Joven (reinado de Enrique VIII), William Scrots (pintor de de la Casa de los Tudor), Van Dyck (Carlos I), Peter Lely (Carlos II), Reynolds y Gainsborough (Jorge III) o Thomas Lawrence (Jorge IV). Aunque la soberna ha pasado hoy a la posteridad por parte de otros sobresalientes artistas, aunque desde luego mucho más rompedores que los tradicionales pintores de antaño. Entre sus más conocidos retratos están así el de Lucien Freud y Andy Warhol

Pero en los tiempos modernos, la fotografía vale casi tanto como el mejor lienzo del mejor de los artistas. No tiene razón en este caso el iconoclasta Gore Vidal cuando afirma, que “la fotografía es la forma de arte de los que no tienen demasiado talento.” El fotográfico retrato regio de Isabel II así lo atestigua.

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