Opinión

Precipicio fiscal, colina democrática

Sábado 29 de diciembre de 2012
El mundo está pendiente de los últimos coletazos de la negociación entre la Administración Obama, los Demócratas y los Republicanos para salvar lo que se conoce como el precipicio fiscal. Es lo que le espera a aquélla economía si se producen de forma automática el fin de las rebajas de impuestos y el de varios programas de gasto. En conjunto, supondrán un ajuste fiscal muy importante que, se dice, provocarán un freno en la demanda agregada y, con ella, a la economía.

Es una cuestión propia de aquélla democracia, y que es impensable en esta. Allí hay rebajas de impuestos que tienen un período de vigencia determinado. Lo mismo ocurre con determinados programas de gasto. Esto ofrece la oportunidad de que se cancelen de forma automática. Y ello facilita que aquéllas decisiones que se consideran erróneas puedan abandonarse fácilmente. Y es más democrático. Porque si un proyecto de gasto tiene que revalidarse pasados diez años, tendrá que justificarse con sus propios méritos, mostrando sus logros en contraposición con su coste.

En España los poderes legislativo, presupuestario y ejecutivo se confunden. En los Estados Unidos, el Ejecutivo recae en el gobierno Federal, el legislativo principalmente en el Senado y el presupuestario principalmente en la Cámara de Representantes. Aunque, y esto es precisamente lo que estamos viendo, lo característico es que cada poder está compartido, y una rama del poder tiene que negociar con la otra. Aquí, en España, el líder del partido controla las listas, por esa vía controla el Congreso, y de ese modo toma control del gobierno y del resto de las instituciones.

Aunque se cuentan las horas antes de que los automatismos lleven a las cuentas públicas al duro ajuste previsto, lo que apuntan los medios locales es que el acuerdo es improbable. Ambos partidos cuentan con echarle al otro la culpa del desacuerdo, y los representantes republicanos piensan más en su reelección que en firmar cualquier acuerdo. Su reelección depende de que se atengan a una política fiscal conservadora y sean firmes en sus principios. Los demócratas quieren presentarse haciendo ver que intentaron por todos los medios que se subieran los impuestos a los más ricos. Aquello, sí, es una democracia, en la que el elector tiene aún un gran poder. Sigue siendo aquélla ciudad sobre una colina ejemplo de democracia y en la que nos podemos ver reflejados.

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