Opinión

¿Dónde se van a poner nuevos radares de tráfico?

Sábado 05 de enero de 2013
Las normas de Tráfico que prepara el Gobierno están llenas de sentido común. Se ha demostrado que la mayoría de los accidentes se produce en las llamadas carreteras convencionales, las que tienen un solo carril por sentido, por lo que habría que reducir el límite de velocidad en estas carreteras. Y, al mismo tiempo, también se proponen aumentar la velocidad en las autopistas de peaje a 140 kilómetros por hora, algo lógico por la seguridad de dichas carreteras y por la seguridad de los coches actuales.

Es verdad, que la d decisión de aumentar el límite de velocidad en las autopistas de peaje obedece, en buena parte, a la mala situación económica que atraviesan las empresas que las gestionan. Y si se aumentara el límite de velocidad parece evidente que aumentaría el número de conductores dispuestos a pagar el peaje para poder viajar a más velocidad. En cualquier caso, la mayoría lo agradecerá pues es absurdo limitar la velocidad a 120 kilómetros por hora en unas carreteras que ofrecen seguridad y comodidad.

La cuestión que se plantean ahora los expertos que trabajan en el borrador de las nuevas normas de tráfico es dónde instalar los radares que controlan la velocidad. Hay que reconocer que de los pocos aciertos del Gobierno de Zapatero, gracias a Pere Navarro, fue la implantación del carné por puntos. Aunque nadie duda de que la masiva implantación de radares tenía, y sigue teniendo, como objetivo principal la descomunal recaudación de la Administración por el aumento de las multas.

Pero los expertos más sensatos plantean ahora que, puesto que la mayoría de los accidentes se producen en las carreteras convencionales, habría que instalar los nuevos radares en dichas carreteras, pues apenas existen por el escaso tráfico que tienen y, por tanto, por la escasa rentabilidad a la hora de la recaudación.

Aunque buena parte de los accidentes se producen, además de por el exceso de velocidad, por el lamentable estado en que se encuentran muchos tramos de tales carreteras. De modo, que además de instalar más radares, habría que poner manos a la obra y arreglar el trazado y el asfalto para evitar tantos accidentes. Pues, además de recaudar, también hay que invertir.

Y ése es, de momento, el secreto por descubrir de las nuevas normas de tráfico. Las ciudades, las autovías y las autopistas están repletas de radares, pues en ellas es donde la Administración obtiene suculentos beneficios recaudatorios. Pero si de lo que se trata es de evitar accidentes, además de rebajar la velocidad en las carreteras convencionales, habría que instalar en ellas dichos radares. El dilema está servido. Y la decisión final demostrará si el Gobierno está más interesado en evitar los accidentes o en llenar la caja de dinero, que en estos tiempos de crisis parece ser uno de los más suculentos ingresos del Estado.

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