Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 06 de enero de 2013
Esta semana el grupo neonazi italiano Killer Sorpresa iba a celebrar un concierto y sólo la reacción de otros grupos, que han cancelado conciertos, y de las organizaciones sociales como la Plataforma contra la Impunidad y el Movimiento contra la Intolerancia han logrado impedirlo. Algunos creen que se trata de una limitación a la libertad de expresión y de creación, pero en realidad se trata de la mejor defensa que la democracia puede darse a sí misma. No veo grandes diferencias entre los grupos de rock radical vasco simpatizantes de ETA y aquellos que utilizan la música para sembrar el odio y hacer propaganda nazi.
Sin embargo, la lucha sigue porque, según se ha publicado, el partido España 2000 –muy implantado en la Comunidad Valenciana- se ha ofrecido a acoger el concierto en una sala que ellos mismos proporcionarán. Sería lamentable ver cómo quienes se dicen demócratas brindan sus medios para el ataque contra la libertad, los derechos humanos y todo aquello que la democracia representa.
He aquí el problema. Poco a poco, los partidos radicales de extrema derecha van ocupando espacio político en las instituciones. En la defensa de ideas totalitarias, Bildu, Amaiur y sus amigos no están solos. So pretexto de defender la unidad de España, los más radicales filonazis se van lavando la cara. Bajo la capa de la defensa de Occidente y sus valores, los nostálgicos de la Alemania del III Reich, la Italia fascista y la Francia de Vichy ganan notoriedad y engañan a los más incautos que se dejan deslumbrar por cualquier que se envuelva en la bandera de España aunque sea para acabar con todo lo que ella representa. Algunos se presentan como socialistas nacionalistas, otros como nacional sindicalistas, todos como patriotas… No se engañen. Si rascan un poco, verán que en realidad quieren utilizar la democracia para acabar con ella desde dentro. Los más osados se atreven a decir que son liberales, pero sólo quieren la libertad para ejercer la violencia, la discriminación y la intolerancia.
La crisis ha dado alas a los movimientos y partidos que pretenden ser antisistema. Al igual que existe el populismo de izquierdas, existe uno de derecha que crece en España alimentado por los excesos de la banca, la corrupción de ciertos políticos y el descrédito general de las instituciones. Estos radicales trataron de infiltrarse en el 15-M, que bastantes radicales de izquierda tenía ya, pero fracasaron. Ahora, tratan de ganar prestigio como oposición al centro derecha desde la derecha radical.
El ejemplo griego nos alerta de que algo está ocurriendo en Europa. Ayer un grupo de delincuentes atacó un barrio gitano en Etolikon, al oeste de Grecia. Entre los agresores, según han publicado medios locales, estaban varios miembros del partido neonazi Amanecer Dorado, incluido el diputado Konstantinos Barbarusis. En Alcalá de Henares, en Madrid, en Barcelona, en Valencia los movimientos y partidos de extrema derecha europea están creciendo y su actividad propagandística es constante.
Por eso, los demócratas debemos reaccionar y exigir a las instituciones que adopten las medidas más contundentes para frenar la propagación de la ideología del odio y la apología de la discriminación, el racismo, la xenofobia y la intolerancia.
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