Opinión

[i]Vae victis![/i]

Cristobal Villalobos Salas | Lunes 07 de enero de 2013
Empieza un nuevo año, con las mismas promesas de siempre. Nos apuntaremos al gimnasio, haremos dieta, dormiremos más, intentaremos no dejar nuestras obligaciones para el último momento, un tiempo al menos. Nos lo proponemos, en un ejercicio de pagana contrición, sabiendo que, en unos días, el fulgor de nuestros deseos desaparecerá entre la gris monotonía de los días.

Pero hay en España una porción de la población, pequeña, aunque no lo suficiente, que regresa tras las fiestas sin ni siquiera tener sanas intenciones de mejora. Son aquellos a los que les va bien siempre, viviendo en un universo paralelo construido a base impuestos y eufemismos. Son aquellos que nos llaman a hacer sacrificios, pero con optimismo, que les dicen a los millones de parados que ya se ven los brotes verdes por el camino, mientras bajan la pensión al pobre abuelo que mantiene a su familia.

Hoy puede que alguno de ellos me lea. Algún jefe de prensa recortará la página del periódico y lo meterá en algún dossier, que irá a la basura un rato después. Y el político de turno irá a una radio, o a una tertulia, a decir que los que critican la clase política son unos irresponsables que están atacando a la democracia con sus palabras, que fuera de ellos sólo hay fascismo. Que sin políticos no hay democracia. Y seguirán su dolce vita particular, pero sin la elegancia de Marcello Mastroianni, sin pensar que lo que pedimos son políticos honrados y preparados.

¿Y a qué viene esta diatriba?, ¿esta bronca mañanera? Pues viene a que, como cantara Julito Iglesias, “la vida sigue igual”. Nos contaron la milonga de que ellos serían los primeros en apretarse el cinturón, pero las administraciones siguen sin hacer más que algún modesto recorte de carácter cosmético. Ahí andan los ayuntamientos y comunidades con sus empresas, una administración paralela que no es más que un chiringuito en el que colocar gente y quemar dinero, los asesores, algunos menos, pero con el mismo rollo de siempre, los políticos profesionales, que saltan de puesto en puesto sin importar su preparación… Total, alguno no tiene ni la carrera. A nadie se le cae la cara de vergüenza.

Cuando los habitantes de Roma protestaron ante el jefe de los galos, Breno, ya que éstos habían amañado la balanza con la que se medía el rescate en oro de la ciudad, este pronunció la famosa frase, Vae victis!, ¡ay, de los vencidos! Algo parecido dirán en los despachos al leer estas quejas.

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