José María García-Luján | Lunes 21 de enero de 2008
Resulta sorprendente y gratificante comprobar cómo el mundo de los grandes negocios se encuentra en gran medida dominado por españoles. Si nos lo hubieran dicho hace 30 años nadie lo hubiera creído, pero así es. Una generación poderosa, preparada, ambiciosa y plena de resultados se ha situado al frente de la primera línea del escenario empresarial mundial.
Telefónica, Repsol, Banco de Santander, BBVA, Endesa, Inditex y otras sitúan posiciones nacionales en ámbitos que antes nos estaban vedados.
Yo lo atribuyo a la fuerza de una extraordinaria generación de hombres y mujeres que han roto sin el menor miramiento los límites premarcados y se han situado en un nivel que hace que los más grandes echen una miradita a nuestro suelo.
Pero ¡Ay!, no todo es dicha. No se llega a culminar nuestra irrupción en los efectivos del poder económico global. ¿Por qué? Tengo la sospecha de que la razón es que la representación política de los intereses institucionales no brilla a la altura de los representantes económicos.
Esta generación empresarial es como la de aquellos aguerridos conquistadores del XV, XVI y XVIII que iban situando el nombre de España y de su corona en la primera línea del reconocimiento mundial.
También quedaban frustrados muchos de sus logros por la inoperancia de los políticos. ¿Cabe el paralelismo histórico? En parte, sí. Tampoco tenemos hoy una clase política que sitúe a nuestro país donde debe estar.
Valga para finalizar una buena noticia, uno de estos grandes de la empresa se pasa a la lucha política que tan necesaria está de fichajes con fuste, y para colmo, su nombre también evoca el espíritu conquistador.
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