Miércoles 09 de enero de 2013
2013 empieza en China con una noticia largamente esperada por los defensores de los derechos humanos: la supresión de los “campos de reeducación”. Así lo anunciaba el nuevo máximo responsable de seguridad del Partido Comunista de China -PCCh-, Meng Jianzhu, quien añadía que la iniciativa “está impregnada de un nuevo espíritu, que muestra el progreso que nuestra sociedad ha hecho”. Falta aún la fecha exacta por concretar, que no será antes de que se vote y apruebe en el plenario anual de la Asamblea Nacional Popular -ANP- del próximo marzo.
Los campos de reeducación se instauraron durante los primeros años del maoísmo, asemejando su funcionamiento a los de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Generalmente están poblados de gente que ha sido detenida sin juicio previo, especialmente disidentes y “alborotadores”, en lo que no es sino una muestra más del totalitarismo que vive China. Sin embargo, parece que los indicios de una tímida apertura son más impostura que otra cosa. Sirva de ejemplo la huelga llevada a cabo por los redactores de uno de los diarios más conocidos del país, Nanfang Zhoumo, en protesta por la censura establecida en los textos del periódico.
La cerrazón de Pekín en este asunto, así como la prohibición al resto de medios de hacerse eco de la protesta, es fiel reflejo de que nada -o casi nada- se mueve en China. La imposición por parte de las autoridades al resto de prensa escrita de un editorial en el que se afirma que la libertad de presa no es viable en un país con esa “realidad social y política” así lo confirma. Y es que, por más que los intereses comerciales de medio mundo hagan volver la vista hacia otro lado, no puede ignorarse que la verdadera realidad social de China pasa por seguir siendo una dictadura totalitaria donde el respeto por los derechos humanos es poco menos que nulo.
Por otra parte, la protesta de muchos periodistas chinos pone en evidencia algo que sabemos en Occidente desde Kant; a saber: que la libertad es indivisible. Los chinos han prosperado de una manera espectacular con libertad económica. Pronto, exigirán derechos civiles y libertades políticas.
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