Jueves 10 de enero de 2013
Nada se salva en el caso Pallerols; desde el acuerdo que permite a Unió irse prácticamente de rositas y sin ninguno de sus dirigentes salpicados hasta la impresentable dilación procesal de más de 15 años -aspecto éste reconocido por el propio Fiscal General del Estado, Eduardo Torres-Dulce-. Muchos son ahora los que piden la cabeza de Durán i Lleida por unas declaraciones hechas años atrás, cuando afirmó que si se demostraba que su partido se financiaba irregularmente, dimitiría.
Cuesta creer que la cúpula de Unió desconociese -entonces y ahora- los manejos que han salido a la luz en el caso Pallerols. Pero cuesta aún más, y además en sentido literal, que los 380.000 euros que Unió va a devolver salgan de las subvenciones que reciben los partidos políticos vía impuestos. El halo de sensatez que siempre ha rodeado a Durán i Lleida ya quedó bastante en entredicho cuando decidió seguir a Mas en su aventura secesionista, en lugar de pararle los pies. Hasta su propio socio catalán, Esquerra, ha pedido su cabeza.
Durán no dimitió entonces, y ya ha manifestado su intención de no hacerlo ahora. Otra muestra más de que en España nadie dimite motu proprio, especialmente si las circunstancias así lo requieren. Lo único claro hasta la fecha es que Unió se financió irregularmente pero ninguno de sus dirigentes pagará por ello, sino que lo harán todos los españoles con sus impuestos; algo, por lo demás, difícilmente digerible. Casi tanto como que ese partido supuestamente moderado se eche al monte junto a CIU y Esquerra sin que nadie en su seno oponga resistencia alguna. Cada día que pasa, la realidad parece confirmar la mala imagen que los políticos tienen entre la ciudadanía. Esta vez, le ha tocado a Unió aparecer retratada de frente y de perfil.
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