Tríptico donostiarra

AL PASO

Jueves 10 de enero de 2013
El Hotel no está en la primera línea de playa, pero si se tiene la suerte de ocupar una habitación alta, las vistas, con la bahía enfrente, son magníficas. No es la primera vez que visito el establecimiento que tiene en su parte alta un restaurante que ya conocía, desde la ocasión en que a finales de los sesenta celebramos una fiesta familiar, contra costumbre, fuera de casa. Desde una mesa, relativamente próxima a la nuestra, nos llegaba la jovialidad ruidosa en torno a una figura muy famosa entonces, el boxeador Urtain. No se si el púgil se encontraba, es lo más probable, al comienzo de lo que parecía una meteórica carrera, llegó a ser campeón europeo de los pesos pesados en 1970, bien planificada por su manager, que allí le acompañaba, o si había comenzado su declive, como futuro juguete roto, deslumbrado por el lujo y las oportunidades que acechaban al modesto muchacho de Cestona. Las relaciones difíciles en el boxeo, y a veces turbias, del manager con su pupilo, las acababa de reflejar en una película intensa, con una mirada oblicua magistral sobre la Barcelona obrera y marginal, Mario Camus. Me refiero al film protagonizado por Julián Mateos, sobre un cuento de Ignacio Aldecoa, Young Sánchez en 1963.

Años después, en la primavera de 1976, volvería al restaurante del Hotel, ahora con ocasión de una cena. Estaba recién editado mi libro El Primer Nacionalismo Vasco, y veníamos de presentarlo en el salón de la Caja de Ahorros Provincial. Acababa de morir Franco, como quien dice, y la ocasión parecía propicia, aunque se hiciese en términos académicos, para hablar del nacionalismo vasco. Ello explicaba, además de una asistencia masiva al acto, la condición de algunos intervinientes en la sesión, personalidades del PNV como Xabier Arzallus, Michel Unzueta, Federico Zabala y Koldo Mitxelena. Tras la presentación fuimos invitados por una persona que no conocía, y que resultó ser un indiano procedente de Venezuela y militante del Partido. Acudí encantado a la cena, primero porque sentía una viva admiración por don Luis, como lingüista y vascófilo. Michelena me había dado clase en el EUTG de Historia, al comienzo de mi vida universitaria, cuando pensé en compatibilizar, desde San Sebastián, los estudios de Derecho y de Letras. No éramos muchos los alumnos, casi todos muchachas, a los que se dirigía don Luis, tan apasionado como erudito en sus exposiciones, fumando ininterrumpidamente con su boquilla filtrante. La estancia donde se impartía la docencia por las tardes ocupaba la planta baja del ala izquierda del edificio, Villa Brunet-Enea, junto al Colegio de los Jesuitas, que enseñoreaba el conjunto de las dependencias universitarias, pues abajo se cursaban los estudios de Técnica de Empresa y también de Derecho. La biblioteca común bastante bien aprovisionada, desde luego con todo el Fondo de Cultura Económica, y a la que tenías libre acceso sin incordios burocráticos, se encontraba en la parte alta de la Villa.

Quien conocía a Javier Arzallus, así se decía en la época preconstituyente en que nos encontramos, era sobre todo mi mujer, que terminaba sus estudios de económicas y a quien Arzallus había dado clase en la Facultad de Sarriko de Bilbao de lo que entonces se llamaba Derecho Político, y, que según me decía, el joven profesor identificaba casi totalmente con la Historia de la Teoría Política. Xabier y yo debimos de estar a punto de coincidir en Madrid, en torno a la cátedra de Carlos Ollero, como me informarían algunos miembros de su equipo, así Juan González Encinar y, especialmente, Pedro de Vega. No tengo recuerdo concreto alguno de la cena, pues no era todavía tiempo de explícitas confesiones políticas, fuera de las anécdotas del próspero indiano, que por nada del mundo consintió ayuda en el pago de la cuenta.

Hoy, día de Navidad, me he hospedado en el Hotel Orly y he sacado en la mañana fría pero azul, algunas fotos desde la habitación que ocupo. No miro a la bahía; pero por encima de los tejados y azoteas, pulcros y ordenados como la ciudad querida, llego con el objetivo hasta el Buen Pastor, y algo más a la derecha, alcanzo por Aldapeta hasta el pequeño cerro, almenado, de San Bartolomé…

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