Germán Ubillos | Jueves 10 de enero de 2013
Manuel Mota, uno de los diseñadores y modistos de alta costura más famosos y con mayor talento del mundo y director creativo de “Pronovias” desde hace más de dos décadas ha muerto a los 46 años, apareció con heridas de arma blanca en el pecho en el lavabo del ambulatorio de Sitges (Barcelona), localidad en la que residía. Alberto Palatchi, presidente de la firma en la que Mota proyectó toda su carrera profesional estaba desolado. Tamara Falcó, Ariadne Artiles, los diseñadores Josep Font, Teresa Helbig y Modesto Lomba como Presidente de la Asociación de Creadores de Moda de España, se hallan también desolados así como Karolina Kurkova la “top model” que presentó su último trabajo.
Siempre que muere un hombre o una mujer joven y con talento además de ser una gran desgracia puede llegar a definirse como una auténtica tragedia, tales fueron los casos del suicidio de Romy Scneider, Rainer Fassbinder, Judy Garland o Amy Winehouse por nombrar solo algunos. Junto al cuerpo de Manuel Mota se encontraban cartas de despedida dirigidas a la Policía, a su familia y a su compañero sentimental que estaba destrozado y en un mar de lágrimas tan intenso que apenas podía articular palabra. Todos coinciden en afirmar que era un hombre con ángel, guapo, divertido y tan atento hacia todos que parecía casi imposible, además era muy discreto, una persona encantadora y enamorada de su trabajo, en las fiestas Mota siempre estaba en su sitio, discreto, elegante, atendiendo a todos, quitándose méritos y alabando a creadores como Valentino o Eliee Saab, sabía muy bien cómo vestir a las mujeres pero también como arroparlas ante los medios, por eso dicen los que le conocen que nunca cayó en las garras de la vanidad y prefirió la sombra a la luz del foco que acaba quemando.
Tenía Manuel Mota – comentan sus allegados – una gran “fragilidad emocional” que le llevó en varias ocasiones a solicitar la baja en “Pronovias” por procesos de depresión y hace unos años estuvo varios meses de baja y hace medio año un par de semanas, también se comentaba que el gran artista no siempre estaba en sintonía con la empresa y algunos de sus bajones emocionales estaban vinculados a esas mismas desavenencias. Manuel Mota vistió en el día de su boda entre otras a Amelia Bono, a Astrid Klisans mujer de Carlos Baute y a Inés Domecq mujer de Javier Martínez de Irujo. La diseñadora de joyas Laura Ponte insiste en que es muy difícil ser director creativo de la firma “Pronovias”, con esa dimensión y tantas colecciones, y seguir aportando simultáneamente ideas al mercado.
A mi modesto parecer los artistas tienen, tenemos, una fuerza creativa enorme pero que lleva generalmente aparejada una gran sensibilidad y por lo tanto también una gran labilidad o como decía antes fragilidad, y esto se ha dado siempre y ocurrió con Romy Schneider, con aquél ángel; con Judy Garland, aquel encanto de niña y con Amy Winehouse, con todo su juvenil talento, el vulgo se rasga las vestiduras cuando ocurre algo así o cuando terminan dándose a las drogas o a la propia destrucción, pero el mundo del arte está lleno de esos peligros que generalmente el resto de los mortales, la gente convencional, no llega a conocer; sí, los artistas. Los verdaderos artistas sufren mucho, pintores, compositores, músicos, diseñadores de moda, escritores han sucumbido a su propio genio, necesitan príncipes del Renacimiento que les protejan, Abadías medievales que les alberguen, padres o madres amorosas y cargadas de dinero que les ayuden a sobrevivir aunque muchos de ellos queden medio destarifados, conozco este tema y por eso puedo hablar de él; ser un genio de la moda, un gran modisto, un diseñador famoso tiene sus ventajas pero también sus grandes inconvenientes, recemos para que el alma atormentada pero también misteriosa de este gran artista desaparecido a la aún jovencísima edad de 46 años descanse en paz, recemos por ello, posiblemente Manuel Mota, el modisto, ha sido a día de hoy el último en caer pero a buen seguro que no será el último pues los genios en algo arden en su propia llama y por eso tristemente y antes de tiempo, de su tiempo biológico, terminan por desaparecer de nuestro lado dejándonos en este caso el recuerdo de sus diseños, de sus colecciones y también aquí de su encanto y de su bondad inolvidables.
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