Mariano Rajoy ha jugado al despiste con la posibilidad de pedir un rescate a la Unión Europea, con el apoyo del Fondo Monetario Internacional. Los analistas apuestan mayoritariamente por que España dará finalmente ese paso. Pero cada vez se aleja más.
Las necesidades de financiación del Estado son muy importantes este 2013. Los vencimientos de la deuda suman 121.780 millones de euros, a lo que habría que sumar 48.020 millones que se corresponden con las necesidades de financiación neta, un 30 por ciento superior a la del pasado año, y más de 38.000 millones de intereses (el cálculo en términos de caja son 38.589 millones).
Esta será una dura prueba para el Estado, que tiene que afrontar el Gobierno de Mariano Rajoy. Tan dura que muchos dan por hecho que el Gobierno va a tener que solicitar la ayuda de la Unión Europea. La fórmula sería parecida a la del euopréstamo a la banca española de 100.000 millones de euros. Se crearía la línea de crédito, pero el Gobierno no tendría por qué utilizarla. Los mercados quedarían automáticamente en calma.
Además, una vez solicitado el rescate, que tendría asociado un condicionamiento macroeconómico, el Banco Central podría intervenir en el mercado secundario, adquiriendo títulos de deuda del Reino de España. No sería compra directa (es decir, en el mercado primario), pero al asegurar que los títulos no perderían valor, favorece su colocación en el mercado.
De modo que el rescate podría tener grandes beneficios para España, en un principio. Hay un primer coste, muy claro, que ya hemos mencionado: El rescate tendría asociado un condicionamiento macroeconómico. Pero desde la Unión Europea se insiste en que en caso de pedir un rescate, la troika no exigiría a España medidas adicionales. Al fin y al cabo, ya hay condicionamiento macroeconómico merced al
semestre europeo.
De modo que por el momento, todo beneficios y ningún coste adicional. Pero hay más elementos que tener en cuenta. Hay uno fundamental, y es de carácter político. Ya resultó duro comparecer ante el mundo reconociendo que no somos capaces de sacar adelante por nuestros propios medios el problema de la reestructuración bancaria, tal como la ha diseñado el ministro De Guindos. Si el Gobierno pide el rescate, estará reconociendo su incapacidad para sacar adelante a España. Un gobierno que pide el rescate es un gobierno fracasado. Lo sería incluso teniendo en cuenta que básicamente su misión era enmendar los desaguisados del anterior Ejecutivo.
Además, hay otro elemento que Mariano Rajoy tiene muy en cuenta. Aunque desde Bruselas se señale que no serían necesarias medidas añadidas a las ya comprometidas, lo cierto es que las circunstancias podrían cambiar. Un viraje inesperado de la política italiana, una resistencia de Francia a las reformas, un enfriamiento de la recuperación global, un conflicto con Irán… todo ello es posible y podría agravar nuestra situación. Una vez perdida la soberanía sobre la política económica, la respuesta ya no estaría en nuestra mano.
Si no está en nuestra mano, ¿quién decidiría qué medidas se impondrían en España? La troika. Pero en realidad no sería ni el FMI, ni el BCE ni siquiera la Comisión Europea. Según se entiende desde los responsables de la política monetaria europea, quien tomaría la última decisión sobre qué medidas tendríamos que aplicar es Alemania. Angela Merkel, con unas elecciones a la vista en septiembre, no puede presentarse ante sus electores aceptando el peso de España, más el de las otras naciones ya rescatadas, sin venderles que será lo suficientemente dura con nosotros como para asegurarse de que devolveremos hasta el último euro.
Con todo, un rescate podría ser necesario. Pero aún queda un elemento que aleja de nuestro país ese temor. Los mercados están calmándose. Los especuladores, que algunos criticaban cuando desconfiaban de nosotros, cada vez se muestran más confiados. Mario Draghi se molestó en citar hasta ocho signos de mejora en los mercados financieros. España ha colocado recientemente una gran cantidad de deuda a un coste menor que otras veces. La prima de riesgo cae hasta los 324 puntos, cuando lo normal hace una semana era estar cien puntos por encima. La Bolsa sube. Y el capital, que huía de España, ha dejado de hacerlo. ¿Qué está pasando? Que desde fuera se empiezan a percibir las mejoras, los efectos positivos de las medidas, aunque escasas e insuficientes, que está tomando el Gobierno. Únase a eso la decisión de Mariano Rajoy, que ha quedado patente, de no pedir el rescate, y el panorama que queda para 2013 parece despejado, al menos por lo que se refiere a una intervención.