David Ortega Gutiérrez | Martes 15 de enero de 2013
Comenzamos el año con una entrevista del Rey Don Juan Carlos a TVE con motivo de su 75 cumpleaños y de sus 37 años de reinado. Ya me referí a la misma en mi artículo de la pasada semana. Me interesa en éste reflexionar sobre el programa de TVE que siguió a la entrevista, y que versaba sobre diferentes personalidades que configuraban la denominada “Generación del Rey”, y daban su opinión de unas materias parecidas sobre las que había opinado el monarca en la entrevista. Me llamaron la atención las siguientes observaciones que realizaron unos y otros, que, por cierto, coincidieron en bastantes puntos.
De entrada casi todos compartían que esa generación había logrado que España entrara en la modernidad, el desarrollo, la democracia y la vivencia en libertad, además de un interés extraordinario en la política, mezclado de bastante ilusión por el nuevo periodo que se abría. Ello, aparte de ser indiscutible, parece lógico tras un periodo de casi cuatro décadas de dictadura. Es curioso el contraste de esa ilusión y compromiso con lo político de aquellos años, con la desilusión, decepción y desafectación que existe hoy con la política. Según el CIS de diciembre de 2012 el 29,8 % de los españoles ve a los políticos como un problema, y el 17,2 % la corrupción y el fraude, siendo tras el paro y la economía, los principales problemas que tenemos hoy los españoles. Sería interesante reflexionar cómo hemos llegado hasta aquí, en qué hemos fallado, qué hemos hecho mal. ¿Cómo esta sociedad española ha construido una democracia en estas más de tres décadas con estos déficits y lastres? ¿Qué responsabilidad tenemos todos? ¿Qué debemos hacer ahora?
También se llamó la atención sobre otra idea vista desde diferentes ópticas, las ganas de convivir, de solidaridad, de aceptar la diferencia y el pluralismo… la tan mentada reconciliación. Llegar a los grandes acuerdos y consensos. Era y es importante mirar hacia delante, el pasado tiene el valor y el peso que tiene, pero las naciones prósperas son las que miran hacia delante con empuje e ilusión. Hoy, en plena crisis económica e institucional, tenemos que dejar de lamernos las heridas, analizar con frialdad y objetividad la realidad que vivimos, y ponerse manos a la obra con objetivos claros y conscientes del esfuerzo y sacrificio que toca realizar.
Lo más difícil de la democracia no es lograrla, sino mantenerla en los grados razonables y necesario de funcionamiento, eso exige un gran esfuerzo y claridad de ideas sobre lo que es el sentido institucional, el interés general, el compromiso con el servicio público y mucha generosidad, inteligencia y trabajo.
Otra idea que salió fue la necesidad de trabajar desde la ética, recuperar las buenas prácticas públicas, el gusto por el trabajo bien hecho, la fuerza de los ejemplos, los buenos modelos sociales y la autoridad de determinadas voces cualificadas. No recuerdo quién cito a Santa Teresa en su conocida frase de: “Ya que estamos aquí, vamos a hacerlo bien”. Hay que superar el cortoplacismo, el atajo, la negatividad y cierto complejo de inferioridad que, en gran parte, ya se tenía superado.
Igualmente se hablaron de otras reflexiones relevantes, como la incorporación de la mujer y la visión femenina a nuestra vida pública y social; de la superación de la España agraria y atrasada; de la capacidad de soñar que hemos perdido por un exceso de cierto realismo hipertrofiante; o de saber que la vida es dura, que tiene altibajos, que no existe el progreso constante.
Pienso que la anterior generación hizo las cosas razonablemente bien, con importantes logros que ahora estamos disfrutando, vivieron en la escasez y en una dictadura que mi generación no hemos conocido. Nos toca ahora a nosotros coger el testigo, corregir los errores y trabajos a medias, que los hubo, y aprender de los aciertos y caminos correctos que también los hubo y en mayor medida. La vida es en primer lugar impulso, después viene el trabajo, la reflexión y la generosidad, pero es preciso tener una actitud combativa ante la vida, la resignación nada aporta. Toca arremangarse y ponerse manos a la obra, no nos queda otra, la generación del rey ya ha cumplido, ahora es el momento de la nuestra, y hay que hacer bien los deberes.
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