Javier Zamora Bonilla | Martes 15 de enero de 2013
El pasado Comité federal del PSOE se ha dado un tiempo para iniciar una reflexión sobre qué propuestas puede ofrecer a la sociedad española y, cuando se tengan éstas, iniciar la discusión de los nombres que podrían liderar ese proyecto en las próximas elecciones generales a tres años vista. Por ahora, aunque evidentemente dentro y fuera del partido se habla de otras muchas cosas, el mensaje más nítido que llega a los ciudadanos es el de la reforma de la Constitución en sentido federal para apaciguar las pretensiones independentistas de los nacionalistas catalanes o, dicho de otro modo, en términos esencialistas que no me convencen: el tan traído y llevado encaje de Cataluña en España.
No estoy convencido de que el planteamiento interese realmente a la mayoría de los ciudadanos, ni siquiera a los residentes en Cataluña, a tenor de los resultados de las últimas elecciones catalanas, cuando ya el PSC planteó esta propuesta federalista. Si en Cataluña interesa poco al grueso de la ciudadanía, me temo que en España interesa aún menos y que se enfrenta además a no pocos recelos. En el fondo, es un debate que puede tener una gran transcendencia para la sociedad, pero que de momento se discute sólo dentro de los ambientes de ciertas élites políticas e intelectuales. Por otro lado, para verlo en sus justos términos, hay que señalar que es muy difícil que el PP acepte esta propuesta y que los nacionalistas catalanes, y los vascos, ya han dicho por activa y por pasiva que no la ven como solución a lo que entienden que es un problema de integración de Cataluña y del País Vasco en España. Por tanto, el consenso constitucional parece muy lejano y creo que el PSOE pierde energías y tiempo valioso para otras materias si sigue por esta vía que no creo que le vaya a traer muchos votos ni dentro ni fuera de Cataluña.
Desde el partido, no obstante, insisten en que la posición inmovilista, cuando no recentralizadora del Gobierno de Rajoy, no es conveniente y que de alguna manera hay que responder al desafío de CiU y de ERC, que muchos pronosticamos que se produciría a la luz de los resultados electorales frente al optimismo con que algunos vieron en aquella noche electoral el descenso de votos y escaños de CiU. En el pasado Comité federal, la dirección del PSOE aclaró bastante su postura y ha impuesto, aparentemente, al PSC una línea más nítida que la defendida hasta ahora por la dirección de los socialistas catalanes: un no rotundo a la independencia y un no rotundo a que el llamado derecho a decidir pueda ejercerse sólo entre los ciudadanos catalanes.
Conviene, en cualquier caso, que ante una cuestión de la gravedad que el Gobierno de la Generalitat y el Parlament, si se aprueba la proposición presentada hoy, plantean a las instituciones españolas (la escisión de una parte del Estado), PSOE, PP y UPyD, al menos, sean capaces de articular una respuesta común que, en primer lugar, no parta de aceptar a priori el discurso catalanista del memorial de greuges, sino que ponga ante la opinión pública todos los datos objetivos que muestren fidedignamente la situación real de Cataluña en el conjunto de España y la evolución histórica de esta situación en los últimos siglos de común soberanía popular, y especialmente desde la Transición. Si efectivamente hay agravios y disfuncionalidades, que los hay, tenemos que trabajar conjuntamente para resolverlos en Cataluña y en el resto de las Comunidades Autónomas.
Hace unos meses publiqué un artículo titulado “Una España desfederada”. Reitero lo que allí decía: no entiendo que en España se hable de “federar” porque esa palabra significa unir por pacto lo que está desunido. Para hacer una España federal primero –que es en lo que algunos están desde hace décadas– habría que desunir lo que ya está unido. Por eso, sin perjuicio de que comparta la idea que algunos defienden de acentuar el Estado autonómico en un sentido equiparable al federalismo de países como Estados Unidos y Alemania, lo que pienso que hay que hacer es corregir los defectos del Estado autonómico, profundizar en sus virtudes, que tiene muchas y gracias a las mismas se explica en parte el impresionante progreso de la sociedad española en las últimas décadas, y buscar consensos para armonizar muchas cuestiones que en nada afectan a los sentimientos identitarios sino a la gestión diaria de los asuntos públicos y privados, al tiempo que se establezcan nuevas vías para la necesaria solidaridad.
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