Cultura

The perfect american: Walt Disney resucita en Madrid de manos de Philip Glass

Crítica de ópera

Miércoles 23 de enero de 2013
Tratándose de un personaje como Walt Disney, icono cultural de Estados Unidos y patrimonio universal de niños y no tan niños, era de esperar que el estreno de una ópera basada en él despertara el enorme interés que había despertado desde hacía semanas. No es, por otra parte, un personaje que se prodigue demasiado en pantallas, libros o escenarios, aunque habría cabido esperar, quizás, todo lo contrario. ¿Por qué existen tan pocas obras que hablen del padre de la factoría Disney? Días atrás, con motivo de la presentación de esta nueva producción del Teatro Real, su director artístico, Gerard Mortier, ironizaba – o no tanto – cuando decía que el inusitado hecho podía deberse al poder que, aún hoy, ostenta en todo el mundo la compañía que lleva su nombre. Hace más de 40 años que Walt Disney no está, pero su empresa sigue moviendo millonarios intereses y en ninguna “familia” gusta demasiado eso de ir aireando la vida del mito de su propiedad, no vaya a ser que soplen vientos desde latitudes no deseadas. Pero, al final, no queda mito sin tocar ni pedestal que zarandear. Fue lo que debió pensar el escritor austriaco Peter Stephan Jungk, que tampoco ha querido perderse el estreno de este martes en Madrid, cuando se decidió a novelar los últimos meses de vida del gran mago de los cuentos, a quien él retrata como iracundo, injusto y dogmático – eso, como poco -, sin saber, claro está, que su “osadía” acabaría sobre un escenario con banda sonora compuesta por el mismísimo Philip Glass.

Porque ya que hablamos de grandes en la cultura norteamericana, Philip Glass, a quien ya no le gusta que le llamen padre del minimalismo y prefiere autodefinirse como un compositor que se basa en estructuras repetitivas, lleva décadas convenciendo de que su música, tan amada por unos como criticada por otros, tiene mucho que decir. Está claro que a sus setenta y cinco años, con 20 óperas, más de 30 bandas sonoras – entre las que destacan Las Horas o The Truman Show – 20 ballets, 3 ciclos de canciones y varias sinfonías a sus espaldas, la rotundidad con que lo dice no pasa desapercibida. Por lo que se refiere a la partitura de El perfecto americano, estructurada en un prólogo, dos actos y un epílogo, Glass ha trabajado con un lenguaje armónico, por desgracia, no siempre regular, y con rasgos disonantes, aunque su música sea siempre claramente tonal. En el estreno mundial de anoche en el teatro de la Plaza de Oriente, su último trabajo ha convencido, cosechando aplausos, tan contundentes como su música, en el momento clave de salir a saludar al público. Junto a él, su director musical, Dennis R. Davis, con quien lleva más de treinta años colaborando, y que en Madrid ha estado seguro en el foso, con la música del compositor que tan bien conoce, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real.

PIE DE FOTO


Tampoco es la primera vez que Glass trabaja con el director de escena responsable de esta ópera, Phelim McDermott, ya que en 2008 se encargó de subir al escenario del Met la ópera de Glass sobre Ghandi, Satyagraha. En The perfect american, McDermott lleva a cabo una impecable dirección actoral – se trata realmente de voces que actúan –, pero no logra abstraerse de lo que es, en realidad, una objeción que habría que ponerle al propio libreto, escrito por Rudy Wurlitzer, y, de paso, a esa ligera irregularidad en la partitura, que se mezcla con la de la propia acción. O viceversa.

El caso es que, después de un inicio algo apagado y ñoño, en el que el personaje de Walt Disney, encarnación del sueño americano, no llega a tocar la fibra con sus evocaciones de la infancia en un pequeño pueblo de la América profunda, la escena funciona mucho mejor cuando interactúan sólo dos o tres personajes, perdiéndose en leve incongruencia, a veces no tan leve, cuando la misma incluye a un grupo. Por su parte, el rumano Dan Potra, escenógrafo y figurinista, ha trazado un escenario, de corte minimalista como la música, en el que ha jugado, especialmente, con proyecciones y luces sobre distintos tipos de telas, velos o estores, que conferían movimiento a la escena a pesar de que, poco a poco, empezaran a repetirse sin arribar a ningún puerto nuevo.

Es, en todo, caso a medida que avanza la obra, cuando empiezan a encajar las piezas. Hasta llegar a dos conseguidos finales: el representado por el dúo de Disney enfermo terminal con el niño que ocupa la habitación de al lado en el hospital y el correspondiente a las dos sencillas frases que acaban con el sueño de aquellos que todavía nos empeñábamos en creer que el “inventor” de Mickey, Donald y toda su pandilla, no había muerto, sino que esperaba congelado a que se encontrara el antídoto para la muerte, un nuevo principio para el final. Dantine, el dibujante despedido por Disney a causa de sus ideas políticas - comunistas, por supuesto - y que se pasa la ópera intentando afear la conducta del creador, a quien además no reconoce como tal, sale a escena con miedo de haber llegado tarde al entierro de su ex jefe. Despistado, pregunta al único hombre que aún queda por allí y éste le contesta que no ha llegado tarde al entierro porque a Disney no le van a enterrar. Claro, piensa entonces el dibujante, quien ya ha oído, como todos, la historia de la criogenización, hasta que ese mismo hombre se encarga de destruir la última leyenda que aún nos quedaba del mito: en realidad, Disney va a ser incinerado y él lo sabe de buena tinta, porque es el encargado de encender el botón. The end.

Por lo que se refiere al capítulo de las voces, el barítono británico Christopher Purves ha sido el encargado de interpretar al personaje protagonista de la obra. Y ha cosechado, junto a su hermano en la ficción, David Pittsinger, el barítono-bajo estadounidense que interpreta a Roy Disney, el mayor número de aplausos por parte de un público que anoche parecía con menos prisa por abandonar el concurrido teatro. Otro norteamericano, el tenor Donald Kaasch, se ha llevado asimismo los aplausos que los asistentes tenían reservados para los cantantes de un reparto que han completado Janis Kelly, Marie McLaughlin, Sarah Tynan, Rosie Lomas, Zachary James, John Easterlin, Juan Noval-Moro, Beatriz de Gálvez y Noelia Buñuel. Y aplaudido, asimismo, el Coro Titular del Teatro Real, dirigido por Andrés Maspero, que han estado acompañados en el escenario por los actores de The Improbable Skills Ensemble.

La nueva ópera del veterano compositor de Baltimore, coproducida por el coliseo madrileño y la English National Opera de Londres donde se estrenará el próximo mes de junio, estará en Madrid hasta el 6 de febrero, fecha en la que podrá verse en directo en Palco Digital del Teatro Real.
Asimismo será retransmitida en diferido en TVE, ARTE TV (Alemania y Francia) y NHK (Japón) y se editará en DVD en una producción conjunta de Ideale Audience, EuroArts y el Teatro Real.

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