Opinión

Davos arriba, Davos abajo

Pepa Echanove | Jueves 24 de enero de 2013
‘Desde allí arriba el mundo parecía envuelto en una pureza helada, su suciedad natural quedaba oculta, congelada, encerrada en el sueño de aquella montaña mágica’… Esta semana arranca en la localidad alpina de Davos, a pie de pista y a bajo cero, el Fórum Económico Mundial que reúne más de dos mil quinientos participantes entre jefes de estado o de gobierno, ministros, empresarios, filántropos y tecnócratas. El tema de este año, agotadas las propuestas para resolver la crisis financiera y aumentar la competitividad allí donde sería necesario, es la ‘resiliencia dinámica’. En otras palabras: cómo adaptarse a las circunstancias y acometer iniciativas a pesar de un panorama social ennegrecido a escala mundial. ¿No es esto, dicho de otro modo, tirar la toalla, claudicar? Desde las pistas nevadas de Davos, sin embargo, todo parece tan blanco… No hay que olvidar que esta pintoresca localidad del cantón de los Grisones es una estación balnearia de lujo, célebre desde los años veinte gracias entre otras cosas al libro ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann (1924). Esta obra mítica y más que nunca de actualidad en su lectura simbólica, relata la estancia de reposo del protagonista Hans Castorp ‘un niño mimado por la vida’, en un sanatorio y en particular su relación con los otros internos, con el paisaje y con las gentes de las cumbres. A lo largo de las setecientas páginas de la novela asistimos a su proceso de cura interior que, paradójicamente, concluye con un estado de aletargamiento crónico, con la muerte espiritual del protagonista (a veces es peor el remedio que la enfermedad). ¿Le habrá estado sucediendo lo mismo a los líderes que se dan cita en el sanatorio internacional del WEF (World Economic Forum) desde hace treinta años? ¿Debemos pensar que ellos _los que nos gobiernan, los que deciden, los que dictan, los que meten la tijera, los que echan la firmita_ son, como el bueno y dubitativo Castorp, unos ‘niños mimados por la vida’? ¡Qué cansado resulta curarse las pupitas… entre ponencia y brindis de honor, conferencia de prensa y cena, debate y paseo en funicular, reunión e inmersión en la piscina termal!... ‘Los conozco bastante bien: he aprendido mucho entre esas gentes de aquí arriba, he llegado a estar muy por encima del mundo de allá abajo’. A los de abajo nuestros males no nos los quita una estancia en balneario, primero porque ya sea de pago o de copago, la cura no nos la podemos pagar; segundo porque la herida social es demasiado grande y necesita una operación de urgencia. ¡Que se amputen los miembros gangrenosos, los ladrones, los corruptos, los vagos, los caciques y farsantes…! Los enfermos están en el llano, sufriendo úlceras de deuda soberana, cólicos de desempleo, ataques de injusticia social, migrañas de precariedad y, el peor mal de todos, un cáncer generalizado de desesperanza. Para estos males no hay aspirina que valga, ni sanatorio internacional que valga. El Fórum de este año representa, en el contexto que vivimos recién estrenado el 2013, un espectáculo carnavalesco y surrealista de las buenas intenciones de los de arriba frente a la rabia y la desesperación de los de abajo. A resistir, a aguantarse y a seguir viendo nevar, porque si se escucharan los gritos de los pacientes de abajo, arriba caerían avalanchas. Pero ellos no nos pueden oír, hace demasiado frío en la alta montaña y algunos llevan muy bien puestas sus orejeras.