La fractura en el pulgar de la mano izquierda de Iker Casillas ha resaltado la importancia del portero suplente en una plantilla y, al tiempo, ha señalado la desatención que el Real Madrid ha prestado a este rol desde que el capitán de la selección española se convirtiera en el guardián indiscutible de la portería de Chamartín. La frenética contratación de Diego López subsana la herida de forma provisional y arrincona a Adán, el otrora idóneo para el puesto. El Imparcial analiza la figura del guardameta suplente y su lugar en la planificación madridista.
La gestión de la plantilla de un equipo de fútbol moderno plantea, como estándar extrapolable a cualquier meridiano del planeta, la necesidad de disponer de dos jugadores que ocupen una posición similar. El
notable aumento de partidos y la extensión del calendario de clubes aliñada con las citas nacionales, obliga a cualquier club que quiera competir en la élite a hacer el esfuerzo de, amén de construir una alineación de campanillas,
granjearse un amplio fondo de armario que resulte adecuado para afrontar los innumerables avatares que una temporada reclama a cada vestuario -lesiones, sanciones o compra/venta de algún jugador-. Bajo este paradigma trabajan los entrenadores y directores deportivos del universo futbolístico. Sin embargo, el rol del guardameta requiere, con su inherente estatus diferente al resto de jugadores, un análisis especial.
Supongamos que un vestuario trabaja sobre un esquema que dispone a dos delanteros en ataque. Añadamos a la hipótesis que ambos atacantes son dos de los mejores del planeta.
Las urgencias físicas del calendario futbolístico actual aconsejan sumar a esos dos superclases un tercer rematador que ejerza el papel de secundario oportunista. Porque tendrá sus minutos a lo largo de la temporada con absoluta seguridad.
Es jurisdicción del entrenador manejar los egos y arrancar del suplente el compromiso y la compresión de su rol en favor del bien común. Esta suposición se repite con nombres y apellidos en la práctica totalidad de los gigantes del viejo continente, aunque en ocasiones, la química no cuaja y el ilustre secundario huye del bloque (
véase Ibrahimovic en el Barça, Forlán en el Inter, Morientes en el Real Madrid o Shevchenko en el Chelsea).
Sin embargo,
la figura del portero suplente goza de un carácter especial. En un paisaje similar al planteado con anterioridad, donde el jugador titular es uno de los mejores del mundo,
el guardameta suplente permanece condenado a una suerte de comprensible ostracismo en el que se contempla la escasísima participación estructural y el protagonismo coyuntural –por lesión o sanción del compañero de posición-. Es en esta situación donde se complica la confección de la plantilla, ya que se abren dos vías de actuación. La primera considera el
papel del portero suplente como una opción secundaria, ya que la portería permanece bien guardada por el meta titular y las posibilidades de contratiempo representan un ínfimo porcentaje; la segunda, opción más controladora,
asume pagar el salario de un portero de garantías que jugará solo en competiciones menores o si el titular causa baja.
El técnico batalla contra el carácter azaroso del deporte en cada partido. En cada entrenamiento. Se empeña en reducir las áreas de riesgo que ofrece el fútbol tejiendo una estructura que automatice el funcionamiento de su plantilla en pos de controlar el desarrollo de la temporada en el porcentaje más elevado posible. Pero la realidad se empeña en desenmascarar las lagunas que las decisiones encierran. Ahorrar un sueldo ante la baja rentabilidad deportiva por escasa participación merma la competitividad de una plantilla y se convierte en ácido efervescente si el titular todopoderoso se lesiona o es sancionado.
O decide abandonar su trono.
El pasado jueves 17, los agentes de
Víctor Valdés anunciaban a los gerentes del Fútbol Club Barcelona su intención de no renovar el contrato y hacer las maletas en verano de 2014
tras ocho años de titularidad arrolladora y cinco trofeos Zamora. Los directivos blaugranas, que desayunaban todavía con la resaca de la
suplencia de Casillas por “decisión técnica” de Mourinho, se encontraron con una bomba en su despacho. Se activó de inmediato la búsqueda de un guardameta que haga sombra a Valdés, hecho lo suficientemente complicado como para enfriar la adrenalina y meditar con frialdad el fichaje.
La suplencia de un sólido Pinto se mantendría inalterable con el portero andaluz ajustado a su papel en el equipo.
Pero, caprichosa fortuna, una semana más tarde el drama de la portería tomaba el “puente aéreo”.
Álvaro Arbeloa fracturaba con su patada fortuita el proyecto deportivo del Real Madrid en el peor momento. A quince puntos del Barça en Liga, la Copa del Rey y la Champions se habían destacado como objetivos con declaración velada desde el seno del club madrileño.
La lesión de Casillas y los dos meses de ausencia ha generado un terremoto en el Santiago Bernabéu y
desnudado el abandono que el club ha ejecutado sobre la figura del portero suplente. Adán, defendido por Mourinho a ultranza en labor de pragmático entrenador, mostró su nivel en los minutos que le regaló el técnico luso y ha comprobado como las urgencias de una decisión errónea le han lanzado del protagonismo al olvido a la velocidad de la luz.
“
Hoy se ha acelerado la operación y estoy muy feliz por volver a la que considero mi casa, ya que, para un madridista como yo, regresar al Real Madrid es lo más grande que me puede pasar en mi carrera", decía
Diego López todavía con gesto incrédulo. El término “acelerado” escogido por el portero gallego encaja a medida en la situación que ha sufrido el Madrid desde que desterró la competitividad en la portería como un elemento innecesario. “
A veces no viene mal un toque de atención”, apuntaba Iker resignado tras su suplencia. Ahora ha comprobado desde su casa cómo su club recurre a un compañero de cantera y generación, que vuelve a casa por
3,5 millones de euros, para salvar el agujero que ha desatado una mala decisión sobre su posición en el campo.
Casillas no se perdía un partido por decisión técnica desde 2002. En aquella temporada,
Vicente del Bosque concedió la titularidad en el último tramo de Liga a
César Sánchez, un guardameta excelente de gran progresión y prometedor futuro. Recordarán cómo en la final de la novena Copa de Europa madridista, Iker jugó unos minutos -a la postre decisivos- saliendo desde el banquillo por la lesión del meta extremeño. Desde entonces, el capitán de la selección española solo se había perdido 9 partidos de Liga. Pues bien, tras una década de titularidad indiscutible, Casillas se perderá dos meses de competición.
¿Compensa pagar la ficha de un bien portero para que aporte solidez a la portería y tensión competitiva al mejor portero del mundo? César permaneció en el club cinco temporadas y no llegó a jugar 60 partidos. Sin embargo, resulta imposible negar que Casillas no ha tenido un compañero de posición de mayor nivel.
A partir de 2005, el club decidió olvidar este apartado en el diseño de la plantilla. Y en la última semana le ha visto las orejas al lobo.¿Habría pagado el Real Madrid 3,5 millones de euros por un guardameta si ya contara con un segundo portero de garantías? Jerzy Dudek, Jordi Codina y Adán han compartido vestuario y entrenamientos con Iker sin la menor duda del abismal salto de calidad entre unos y otro. Ahora, el club capitalino afronta las
semifinales de la Copa del Rey ante el Barcelona y los octavos de final de la Champions League ante el Manchester United con un portero recién llegado y de 31 años. La presión recaerá sobre los hombros de Diego López, pero la causa de su llegada y de la agonía posterior a la lesión de Iker nada tiene que ver con el guardameta que guió al Villarreal a las semifinales de la Copa de Europa. Los fantasmas de hecatombe merengue toman forma en los próximos meses y llegan a través de consecuencias lógicas.
Adán, comprobará la dureza de la élite como ya hicieran jugadores como
Raúl Bravo, Paco Pavón, Felipe Miñambres o Álvaro Mejías,
canteranos que subieron al primer equipo por discutibles necesidades. Cómo se puede perder el tiempo en buscar suplentes dignos a
Dino Zoff, Oliver Kahn o Andoni Zubizarreta, se preguntaron en diferentes décadas del pasado siglo Juventus de Turín, Bayern de Munich y Fútbol Club Barcelona. La abrumadora jerarquía de sus porteros titulares nublaba el paso del tiempo y la razonablemente sana competencia que activa la concentración del deportista. Los tres clubes sufrieron las consecuencias de cegarse ante la brillantez de su excelso primer espada y cayeron en el abismo de la portería en los siguientes años.
Julen Lopetegui, Carles Busquets, Hans Jörg Butt o Thomas Kraft son algunos de los nombres que desfilaron por la portería tras la caída de los mitos mencionados y personificaron la travesía por el desierto que desencadenó una mala decisión y sistemáticos esperpentos en la propia portería. El Real Madrid ya tiene su tirita para el pulgar fracturado de Iker, pero,
¿hay horizonte más allá del eterno capitán madridista?