Opinión

El dopaje en España más allá del ciclismo

Guillermo Ortiz | Domingo 27 de enero de 2013
En 1999, el masajista belga del equipo Festina, Willy Voet, publicaba un libro que se podría traducir al español como “Rompiendo la cadena”. Digo “podría” porque el libro no se tradujo jamás, como no se tradujeron los posteriores de Bruno Roussel, director deportivo del citado equipo, David Walsh, Floyd Landis o Tyler Hamilton. Sí se tradujo el de David Millar, mucho más amable e insustancial, lo que da una idea del interés que hay en los medios periodísticos y editoriales por destapar el dopaje en nuestro país.

Es divertido releer el libro de Voet catorce años después: recordar cómo insistía en que, pese a lo que decía la UCI, la prensa, los equipos, los propios corredores… el dopaje seguía igual de extendido que antes de las redadas de la gendarmería francesa durante el Tour de 1998. El lema de aquellos meses era “el ciclismo ha cambiado, el ciclismo por fin está limpio”. ¿Les suena? Hablamos del año en el que Lance Armstrong ganó su primer Tour con un tío detrás llevándole la EPO en moto y el doctor Del Moral falsificando prescripciones médicas para ocultar positivos por corticoides.

En 2013, todo sigue igual: las mismas declaraciones de los mismos directores deportivos y los mismos periodistas. Las mismas dudas que despierta el hecho de que los que corrían en aquellos convulsos 90 sean los que dirigen en los 2000. Parece que próximamente habrá otra confesión en grupo del equipo Rabobank y quizás a algún medio español le interese preguntar qué hacían Óscar Freire, Carlos Barredo, Luis León Sánchez, Juanma Gárate o Pedro Horrillo mientras, según sus compañeros, los doctores dopaban sistemáticamente a todo el que pillaban. No una temporada sino dieciséis, de 1996 a 2012. Porque preguntar no es acusar. Es preguntar.

Puedo entender que el papel de la prensa es complicado en estos asuntos: David Walsh, periodista del Sunday Times y pionero en el empeño de desmontar la “farsa Armstrong”, le costó a su medio casi un millón de dólares solo por insinuar que el tejano se dopaba, cosa que se ha visto que era verdad. No se puede acusar sin más a alguien de doparse salvo que tengas pruebas contundentes al respecto o una sentencia en la que apoyarte, como sucede con el Informe USADA, donde tanta gente queda retratada. Otra cosa es que la prensa haga lo que viene haciendo, es decir, ni siquiera leer las sentencias. El otro día, el diario Marca publicaba casi como exclusiva que Jörg Jaksche, ex ciclista de la ONCE y Liberty Seguros, había denunciado bajo juramento la trabajada estructura de dopaje de equipo bajo las órdenes de Manolo Saiz. Yo no sé si eso es verdad o no, pero sé que se publicó en octubre… y que el propio Jaksche ya lo había declarado en Alemania varios años antes, coincidiendo con su implicación en la Operación Puerto.

Al menos, alguien podía haber comentado algo al respecto y no hacer como si nada. Esta misma semana se ha detenido a un ex ciclista por suministrar y almacenar productos dopantes. Según se ha publicado, ese ex ciclista colaboraba con la organización de La Vuelta… acompañando a los ciclistas al análisis anti-doping después de cada etapa. ¿No merece eso una mayor investigación periodística?

En fin, al juicio de la Operación Puerto quería llegar. No se esperan grandes sorpresas. Solo un ciclista español de los muchos que trabajaban con Eufemiano Fuentes ha cumplido sanción y porque los italianos se empeñaron. Los pregoneros del ciclismo limpio siguen manteniendo la inocencia de Valverde o silbando cuando sale el tema. Qué manía nos tienen los extranjeros. Qué envidia. Ya saben, todos los tópicos. No es probable que el juicio, como digo, obligue a cambiar opiniones al respecto. Lo que se juzga es un delito contra la salud pública y todo es tan ridículo que la defensa de Fuentes, Merino y compañía ni siquiera va a negar la existencia del dopaje y las transfusiones masivas sino que se limitará a recalcar la pulcritud de sus métodos.

Sobre la instrucción de la Operación Puerto pende una duda enorme: ¿Qué fue de todos los no ciclistas que Eufemiano Fuentes afirma haber tratado y cuyas bolsas de sangre estarían en el famoso piso de la calle Caídos de la División Azul? No hay ni un solo deportista más implicado, todos han desaparecido milagrosamente. El ex ciclista Jesús Manzano dice que en la consulta vio a todo tipo de atletas, futbolistas, tenistas… El propio implicado lo confirma y la Guardia Civil lo filtra a la prensa. De repente, cuando el sumario se hace público, resulta que no, que solo ciclistas. Cientos de bolsas de sangre y todas de ciclistas. Extraño.

Hay que hacer un esfuerzo de investigación sin que eso se entienda como un ataque al deporte, español y extranjero. Hay que investigar qué demonios hacía Del Moral, el médico de Armstrong, trabajando con una academia de tenis de Valencia en la que entrena David Ferrer y han entrenado entre otros Marat Safin, su hermana Dinara Safina y Sara Errani, la única que ha confesado abiertamente que colaboraba con el doctor inhabilitado de por vida por la Agencia Mundial Antidopaje. Errani, quien de la nada pasó a ser finalista de Roland Garros y la mejor jugadora de dobles del mundo en un deporte donde el número uno masculino reconoce que solo le han hecho un test fuera de competición en siete meses.

Preguntar no es acusar. Cuando David Ferrer dice que no conoce de nada a Del Moral aunque sabemos que entrena habitualmente con Errani y su equipo, la cosa queda rara, pero habrá que creerle. Simplemente, me gustaría una respuesta más larga, más razonada. Una pregunta que la prensa tiene que hacer, como se tiene que preguntar por qué Eufemiano Fuentes llevaba el programa de preparación médica de la expedición española cara a Barcelona 92 hasta que un positivo de su mujer provocó su marcha o por qué años después ese mismo médico asesoraba a la U.D. Las Palmas en la mismísima Primera División española.

Pensar que solo en el ciclismo hay dopaje es tan absurdo como pensar que todos los ciclistas se dopan. No es cierto. Hay ciclistas limpios como hay tenistas o futbolistas sucios. Sepamos quiénes son; investiguemos, precisamente para evitar una nube negra que deje todo el campo a oscuras. O, de lo contrario, al menos no hagamos el paripé de pedir unos Juegos Olímpicos cada cuatro años. Los Willy Voet del mundo se están partiendo de risa.

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