Martes 29 de enero de 2013
Este próximo jueves, el Rey se reunirá con Artur Mas. La cita ha suscitado una gran expectación, toda vez que es la primera ocasión en la que el monarca y el President se verán las caras tras la aprobación en el parlamento catalán de la declaración soberanista. Conviene señalar que este encuentro ya estaba previsto de antemano, y viene precedido de otros similares que Don Juan Carlos ha mantenido con Iñigo Urkullu y Alberto Núñez Feijóo, en su calidad de presidentes autonómicos recién elegidos. No es, por tanto -y pese a lo que intenten vender los nacionalistas- una audiencia especial y exclusiva, sino “rutinaria”.
Con todo, Artur Mas tiene la intención de entregar al Rey en persona una copia del borrador de la declaración de soberanía de Cataluña. Un símbolo gravísimo. Porque, si bien es tarea del Presidente del Gobierno lidiar con este tipo de temas, por desagradables que sean, la obligación del Jefe del Estado, como representante de la soberanía nacional, es la de negarse a recibir un comunicado inconstitucional donde precisamente se propone la ruptura de lo que la Corona representa.
Al parecer, Zarzuela ya ha dejado bien claro cuál es el objeto de la audiencia de este jueves: recibir al último de los tres presidentes autonómicos recién elegidos. Según el artículo 56 de la Constitución, “el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia”. El 62, por su parte, dispone como una de sus funciones la de “ser informado de los asuntos de Estado”. Si Mas quería hacer una utilización torticera de su reunión de este jueves y contar para ello con la complicidad de Zarzuela, la jugada le ha salido mal. La “normalidad institucional” con que la Corona pretende abordarla deja en ridículo a Mas con su intento de hacerse una foto en palacio con la declaración soberanista en primer plano.
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