Miércoles 30 de enero de 2013
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños -CELAC- ya tiene nuevo presidente: Raúl Castro. Su nombramiento se hacía oficial en la cumbre celebrada este pasado fin de semana en Santiago de Chile, entre el apoyo de los paniaguados del chavismo y las críticas por parte del exilio cubano y venezolano, para quienes dicho nombramiento es “una vergüenza para la democracia de la región”. No es que la CELAC sea una entidad de referencia, así como tampoco es reseñable su empaque político. Pero eso no obsta para que el nombramiento de alguien como Raúl Castro chirríe.
Cuba padece desde hace más de medio siglo una dictadura totalitaria al frente de la cual se halla el propio Raúl Castro. No parece, desde luego, el mejor bagaje para que alguien como él presida un club de países que se suponen democráticos. Habría sido reprobable –y no habría sido tolerado- que dictadores como en su momento lo fueron Videla en Argentina o Pinochet en Chile alcanzase una dignidad así. Y este es un caso semejante. Se da, además, la circunstancia de que los designios de Venezuela parecen ahora decidirse en Cuba, por cuanto es en La Habana donde se toman las decisiones que afectan al país mientras Chaves siga pasando allí su convalecencia. Todo lo anterior pone de manifiesto las carencias democráticas de un continente donde la sombra tanto de Chaves como de los Castro sigue siendo demasiado alargada.
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