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José Manuel Cuenca Toribio: Iglesia y Cultura en la España del Siglo XX

CRÍTICA

Domingo 03 de febrero de 2013
José Manuel Cuenca Toribio: Iglesia y Cultura en la España del Siglo XX. Actas. Madrid, 2012. 539 páginas. 30 €


La Historia es, entre otras muchas cosas, un camino para acercarnos al paisaje difuso del pasado. José Manuel Cuenca Toribio, maestro de historiadores, nos invita a aventurarnos de su mano, con el aval de una exhaustiva documentación sobre la no siempre fácil relación entre Iglesia y cultura, en el horizonte de la pasada centuria. La obra culmina largos años de investigación sostenida y de publicaciones múltiples sobre el mismo objeto.

Ya en la introducción, el autor, a modo de avance concluyente, nos recuerda que “la cultura se le resistió siempre a la Iglesia en la España contemporánea”. Importa, sin embargo, transcender del espacio inmediato y reconocer con Pablo VI (“Evangelii Nuntiandi”) que esta difícil relación se extiende a toda la Iglesia, en cuanto que “la ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda, el drama de nuestro tiempo”. Pensamiento éste que han corroborado sus sucesores en la Cátedra de Pedro. Singularmente entre nosotros, lo que marca esa ruptura es el distanciamiento entre el catolicismo confesional y el laicismo aconfesional, asentado principalmente en la tradición liberal. Desgraciadamente este distanciamiento se ha traducido en ausencia de diálogo social y de escenarios culturales compartidos.

El autor, gran cultivador de la historia de la Iglesia en España, matiza, con su rigor habitual, la concurrencia de iniciativas religiosas y civiles (entre éstas, valga la mención de la Institución Libre de Enseñanza), en una difícil configuración de la modernidad pedagógica. Ésta no llega a asentarse ante las tensiones políticas que, unilateralmente, tratan de controlar la escuela, definiendo modelos contrapuestos y hostiles. Esta unilateralidad alcanza a proyectos intelectuales que el autor somete al más exigente paradigma metodológico, constituyendo ésta una de las mayores aportaciones de la obra.

No menor valor tiene la concordancia entre cultura y política a la hora de analizar el alcance trágico de cesuras como la producida por la Guerra Civil en la que naufragan ideas y creencias, en el sentido orteguiano de ambos términos. Sin duda, tenía razón Ramiro de Maeztu al referirse al divorcio entre católicos e intelectuales. “Las letras españolas, antes tan impregnadas de cristianismo medular, derivado de sus grandes teólogos, son hoy, desde hace muchos años, de las menos religiosas del mundo”. ¿Qué cabe añadir hoy?

El autor no desconoce, porque sería muy injusto, la importancia y el esfuerzo de élites católicas como las vinculadas a la Asociación Católica Nacional de Propagandistas o al Opus Dei. De la primera merece destacarse la relevancia de la actividad periodística con El Debate y el Ya, entre otros medios, con el protagonismo siempre del pensamiento de D. Ángel Herrera. Proyectos de no menor impacto son la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) y el CEU/Universidad San Pablo.

En cuanto al Opus Dei, Instituto Secular fundado por San José María Escrivá de Balaguer, en octubre de 1928, destaca en primer lugar su presencia en la Universidad Española, a través de un elenco de docentes en todas las áreas del pensamiento, que conjugan legítimamente ambición intelectual y espiritualidad laica. Espacio central de esta presencia académica ha sido y sigue siendo la Universidad de Navarra, de reconocido prestigio científico. A ello se suma la labor de difusión periodística, a través los medios más variados, muchos de ellos editados por “SARPE” (Sociedad Anónima de Revistas y Periódicos Españoles).

El autor pone una atención singular en el análisis de los años de posguerra, en los que el fervor de la afirmación confesional, nacional-católica, impidió quizás un diálogo más abierto, sobre todo en las publicaciones al uso, entre creadores culturales. A ello contribuyó, también, el bajo nivel cultural de los Seminarios, con el consiguiente deterioro de la formación del clero. Como contrapeso a esa realidad, merece reseñarse el extraordinario quehacer intelectual de instituciones como la Universidad Pontificia de Salamanca, sobre la que el autor da cumplida cuenta, tanto de su obra como del contexto institucional concurrente.

Tras analizar las contradicciones del catolicismo español, el que precede y sigue al Concilio Vaticano II, hecho determinante en el acercamiento de la Iglesia a la pluralidad cultural española, el profesor Cuenca Toribio analiza la sucesión de hechos y encuentros relevantes, como fueron las Conversaciones Católicas Internacionales de San Sebastián, en los que la libertad religiosa empieza a afirmarse frente a un confesionalismo concordado.

La obra se cierra con una valoración del postconcilio y de la Transición política que, tristemente, no impidieron el que “idénticos demonios familiares” continuaran acompañándonos. Ello no merma el protagonismo decisivo con que relevantes hombres de Iglesia contribuyeron al éxito del cambio político y al encuentro entre representantes del mundo de la cultura. Basten ahora dos nombres, aunque la obra hace justicia a muchos otros, para mantener la esperanza en la fertilidad de ese encuentro: Julián Marías y Olegario González de Cardedal. La altura y la hondura de su pensamiento y el libre testimonio de su fe, confirman la esperanza y, también, la oportunidad y el interés de esta obra.

Por Claro J. Fernández-Carnicero

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