Opinión

Berlusconi, Balotelli y las elecciones italianas

Andrea Donofrio | Domingo 03 de febrero de 2013
Desde los inicios políticos de Berlusconi, el fútbol y su retórica han resultados fundamentales en su estrategia, ya que el cavaliere ha comprendido que para los italianos el fútbol representa algo más que un juego. Berlusconi entendió que podía suponer un instrumento para alcanzar el poder y se sirvió de ello. El ex Presidente del Gobierno bien sabe que, en términos de votos, los electores responden a tres factores: promesas económicas, que lanza continuamente de forma irresponsable; una masiva campaña publicitaria, realizada a través de un agobiante bombardeo con la cara de Berlusconi, como estamos asistiendo en las últimas semanas; y, en tercer lugar, un golpe de efecto, como el anuncio resonante de un fichaje. Por eso, a menos de un mes de las elecciones, el Milan ficha a Mario Balotelli, genio rebelde del fútbol italiano. Si se trata de una “manzana podrida” (en definición de Berlusconi) o de un campeón indomable sólo el tiempo lo dirá: lo cierto es que podría resultar el as en la manga de esta campaña electoral, especialmente en la Lombardia, donde se juega la batalla campal para el Senado italiano.

Los fichajes se han convertido en un “arma mediática”, un escaparate y un instrumento útil en clave electoral. Y aunque es cierto que el uso del deporte como técnica de comunicación política por parte Berlusconi no es algo del todo novedoso, se le debe reconocer el mérito de haber mejorado el sistema, adaptándolo a una Italia en constante transformación y vulnerable electoralmente. Desde la fundación de Forza Italia (cántico popular de las selecciones italianas de fútbol), de forma más clara que en el pasado, se ha asistido a un doble proceso de “politicización del fútbol y de futbolización de la política”. Consecuencia de esta miscelánea entre los dos temas, ha sido la hibridación del lenguaje tanto político como deportivo, utilizando palabras e imágenes capaces de despertar pasiones en los electores o en los espectadores, estimular la imaginación del público en clave electoral.

Berlusconi entendió que, en Italia, el fútbol representaba un ámbito estratégico que tenía que dominar como trampolín hacia el éxito político. Y, los grandes nombres deportivos, cercanos al cavaliere, han servido para atraer la atención de los electores, distraerlos de los escándalos y convencerles para votar al “Presidente vincente”. El fichaje de Balotelli es un claro golpe de efecto de cara a las elecciones a la presidencia, una decisión deportiva con fuerte connotación política, tomada con la esperanza de realizar una irracional remontada. Según los sondeos, este fichaje otorgaría dos puntos porcentuales más al Partido de Berlusconi; en detalle, algunos periódicos hablan de cuatrocientos mil votos, ochenta mil sólo en Lombardia. El candidato del Partido Democrático, Bersani, tiene razón en que cada uno hace la campaña electoral como mejor considera, y, por eso, Berlusconi prefiere fichar a Balotelli en lugar de presentar propuestas concretas de Gobierno o explicar por qué se presenta como candidato si prometía un partido sin políticos investigados. Y mientras tanto, promete, promete, promete, sin darse cuenta que los italianos ya no le creen. Finalmente, la importancia que el futbol revista para los italianos es algo conocido y bien resumido por el mismo Winston Churchill que, con profundo conocimiento del pueblo italiano y una fina sabiduría, afirmaba: “Los italianos pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol y los partidos de fútbol como si fuesen guerras”.

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