Lunes 04 de febrero de 2013
Ha sido un fin de semana de lectura de papeles. Empezó Rajoy el sábado, leyendo un montón de hojas para decir que nada de lo publicado era cierto, y cerró el diario El País ayer domingo con las anotaciones en que supuestamente Luis Bárcenas detalló durante años la “contabilidad B” del PP. El estruendo que ha provocado todo este asunto es inversamente proporcional al número de evidencias tangibles que se conocen. Hay una lista en la que figuran los nombres de destacados dirigentes populares -Mariano Rajoy entre ellos- como presuntos beneficiarios de pagos dinerarios. Pero falta lo más importante: la constatación de dichos pagos. Hasta la fecha, no hay ni recibos, ni asientos contables que refuten lo publicado ni tampoco pruebas testificales o de otra índole.
Con todo, el daño ya está hecho. De hecho –ya que no de derecho- el asunto es cosa juzgada, porque la presunción de…culpabilidad los han sentenciado ante la mayoría. En la calle existe el convencimiento de que gentes del PP se han estado lucrando indebidamente hasta hace no mucho. El efecto ha sido demoledor. Los papeles de Bárcenas, el caso Gürtel y la tibieza de Rajoy y los suyos en todos estos escándalos han cimentado dicho convencimiento. Rajoy, pues, está obligado a actuar del modo más claro y contundente posible. Tiene a los tribunales a su disposición si considera que lo publicado es falso. Entiéndase bien: la letra puede ser auténtica sin que necesariamente esos pagos se hayan producido. En todo caso, tanto Rajoy como el resto de dirigentes deben hacer un esfuerzo por mejorar la política de comunicación del partido. Pasar del machacón “no me consta” al “transparencia máxima” es una estrategia manifiestamente mejorable. Toda acusación debe sostenerse con pruebas, y éstas, de momento, no se conocen; he ahí un punto de partida.
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