Lunes 04 de febrero de 2013
El Fondo Monetario Internacional -FMI- instaba recientemente al gobierno argentino a que tomase medidas que remedien la “falta de precisión” en sus datos de inflación y PIB para antes de septiembre de 2013, si no quería ser “apartado de la posibilidad de recibir recursos del Fondo”. La “falta de precisión” a que alude el FMI no es sino un eufemismo del falseamiento que el kirchnerismo ordena llevar a cabo con los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos -INEC- . De la poca fiabilidad de este organismo dan una idea los continuos varapalos recibidos desde el interior -hasta la Corte Suprema Argentina ha llegado a tomar cartas en el asunto- como desde instancias foráneas: desde 2011 la revista The Economist no publica datos provenientes del INEC
Hay una gran diferencia entre la Argentina real y la que vende Cristina Fernández de Kirchner. Los propios ciudadanos argentinos son los primeros en ridiculizar las cifras oficiales de una inflación idílica que nada tiene que ver con la escalada de precios con la que han de enfrentarse cada día. Hasta la fecha, ningún país había sido reconvenido de esta manera por el FMI. La respuesta del gobierno argentino ha sido tan extemporánea como absurda, acusando a su vez al Fondo de ser “uno de los causantes de las penurias que padece la economía mundial”.
Populismo y gestión económica eficaz no suelen maridar bien. Argentina es un país con ingentes recursos, pero con una clase política que los gestiona de un modo nefasto. Proteccionismo, intervencionismo y decisiones más que cuestionables acaban por pasar factura. Al igual que acabará pasándola el amordazar a la prensa y a la judicatura cuando intentan denunciar y poner coto a todo ello.
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