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Tabárez: “Me felicito de estar todavía en este mundo y haber visto todo esto que ha hecho Guardiola”

CHARLA con el seleccionador de uruguay

Martes 05 de febrero de 2013
Retomamos el viaje futbolístico que conecta la histórica tradición dorada del balompie uruguayo con el lustroso presente del combinado charrúa con motivo del amistoso que une los caminos de nuestra exuberante selección española y la actual campeona de la Copa América. No en vano, el amistoso que el bloque comandado por Vicente del Bosque juega este miércoles (19:00/Telecinco) no es sino una suerte de prólogo del enfrentamiento que España y Uruguay mantendrán en la Copa Confederaciones cuando la temporada de clubes baje el telón. Miden sus fuerzas, por tanto, los campeones y referentes de los dos continentes que con más pasión y brillantez han vivido el fútbol. Óscar Washington Tabárez, seleccionador de Uruguay, nos habla de su filosofía y de la revolución que ha implementado en su país.


Antes de afrontar el nudo de la ronda clasificatoria americana para el Mundial de Brasil, Óscar Washington Tabárez compartía con este diario sus reflexiones sobre el peso que este deporte ocupa en una sociedad que respira en clave futbolística y las repercusiones que el éxito construido por su equipo de trabajo tuvieron para romper las barreras mentales que afligían a la población charrúa. El concepto de la "cultura del bajón", una suerte de imagen asimilada por el pueblo que cultivaba el pesimismo sobre lo propio –y en contraposición a la excelencia ajena- con arraigo en la añoranza del pasado próspero que el país vivió hace décadas -en el plano económico, social y, finalmente, deportivo-. Ahora que nos asomamos a la ventana del enfrentamiento directo con su proyecto deportivo, profundizamos en lo estrictamente futbolístico.

Sobre qué argumentos ha recuperado Uruguay su lugar en la élite del fútbol, le cuestionábamos al cerebro de un concienzudo proyecto que se desarrolla de 2006. Tabárez, que se maneja con comodidad en la tranquilidad del trabajo diario en el Complejo Celeste y recela de la pomposidad que acompaña al deporte rey, dispone las cuatro vías sobre las que discurrió el trabajo de construcción de los cimientos del imponente edificio que hoy representa la selección celeste.

Cuando se nos dio la posibilidad de volver a ser seleccionadores tratamos de hacer las cosas que se hacen en Europa dentro de nuestras posibilidades” avanza, señalando que Uruguay no competía en el calendario FIFA, de modo que no disponía de amistosos con combinados potentes con los que poner a prueba el trabajo. “También buscamos conseguir la adhesión a la selección de los futbolistas, porque cuando los resultados no llegaban, las críticas eran muy ácidas y casi disparatadas, y se decía que los jugadores que vienen del exterior no metían la pierna como en sus equipos o venían a robar el dinero”, explica. He aquí una de las estrategias de cohesión implementadas por el “Maestro” que revierten en el notable compromiso que los jugadores proyectan en la cancha. “Desde el primer momento aclaramos con los jugadores que la única manera de combatir eso es con esfuerzo, con una imagen determinada y con resultados y que jamás se tenía que usar eso como justificación para lo que no se pudiese lograr. Ese fue el punto de partida”.


Con el trabajo psicológico ya establecido, el equipo técnico de Tabárez emprendió el siguiente paso para elevar el nivel de sus pupilos. En este caso, había que hablar con la Asociación Uruguaya de Fútbol y acordar un modelo de trabajo conjunto. “Tratamos de mejorar la infraestructura y completamos el Complejo Celeste, que es muy modesto, pero que tiene todo lo necesario para la preparación de un equipo, entrenar, descansar, alimentarse bien y técnicas de recuperación después de los esfuerzos”, explica. Sin embargo, un entrenador de semejante bagaje y que gusta de aprender de ambos lados del Atlántico, confiesa que “visitamos Clairefountaine -centro de entrenamiento de la selección francesa que ganó el Mundial de 1998- y jamás tendremos el nivel de algunos centros como ese pero dentro de nuestras posibilidades hemos logrado dar el paso”.

¿Cuál es el siguiente peldaño en la construcción de la revolución del fútbol uruguayo? “Fue importante definir un perfil de equipo y de futbolista basado en los ejemplos que se ven en el mundo”, avanza. “Nosotros siempre vamos a respetar el sentir y la idiosincrasia de nuestro fútbol -apasionado y esforzado sin desdeñar la calidad técnica- , pero cuando miramos a los jugadores del Barcelona, no les miramos desde la posición infantil de intentar imitarlos o realizar cosas que no podemos, sino que buscamos otras cosas que hacen la imagen de un equipo: la profesionalidad, la corrección, el respeto a los adversarios y al público”.

“Después de definir ese perfil”, prosigue, “tenemos la linda labor que nos permite transmitir esos conceptos a las camadas de futbolistas jóvenes que llegan cada dos años”. El trabajo coherente del fútbol base juega un papel esencial en la construcción de un equipo o selección nacional de élite, dicen los manuales. El “Maestro”, estudioso observador de este deporte, no puede sino aliñar su proyecto con este principio. Sin embargo, Tabárez nos transmite la realidad a este respecto sin tapujos: “De todos los chicos que juegan en infantiles, solo el 0,14% puede llegar a tener un pase a Europa y este es un parámetro bastante objetivo de salto social, pero como no sabemos quién entra en el segmento del uno por ciento y cual en el 99, tratamos a todos por igual porque los que no acaben como futbolistas profesionales, van a ser ciudadanos de este país, ocupando otros cargos, y trabajamos en todos los valores que están alrededor del fútbol simplemente por practicarlo”. Valores que el educador apasionado por el balompié identifica con “fijarse desafíos, superarlos, ejercitar la voluntad, el placer del esfuerzo físico, que van con la educación de la persona, y fundamentalmente el respeto, la solidaridad de todo lo que se brinda al trabajo en equipo y el sentido de pertenencia”. “Todo eso es muy importante y más cuando es con la excusa de la selección nacional, sobre todo en un país de tanta pasión y en la circunstancia de que los futbolistas de la selección mayor son muy admirados, hecho que produce un efecto positivo que tenemos que tratar de aprovechar”, concluye.


Proseguimos esta conversación con un salto teórico. Entra en valor entonces la hipótesis de los estilos de juego. La dialéctica del fútbol europeo vs el americano. “Hay maneras de sentir el fútbol y ciertos estilos, pero creo que entre las pocas cosas buenas que tiene la globalización es que la información llega permanentemente, y, por eso, ahora las fronteras no se notan tanto con el fútbol europeo o africano desde Latinoamérica” indica.

Este profesional que ha trabajado en el seno del viejo continente y en la élite de América, cree difuminada la concepción que dominaba en hasta los años 80 según la cual se juega diferente en cada continente. "Las comparaciones Europa-América son teóricas y peligrosas, porque antes se decía que el fútbol sudamericano tenía jugadores más habilidosos o técnicos, pero cuando uno ve a Iniesta, Xavi o Cristiano Ronaldo, a jugadores rusos y japoneses, no es tan rotundo. Porque los ejemplos ahora están al alcance de la mano y el aprendizaje por imitación es el más eficiente. Por eso, cuando se van a buscar los futuros futbolistas de primera se encuentran que el Barcelona ha traído un niño japonés para su cantera, para La Masía”. “Es difícil limitar todo al fútbol europeo y sudamericano y, además, tratar de elaborar una comparación entre ambos, aunque sí destaca de Europa todo ese andamiaje de profesionalización”, finaliza.

Los estilos de fútbol tienen que ver con la manera de vivir el fútbol y la vida, la manera de bailar y de expresarse. En eso cada país debería mantener su identidad. Pero la globalización ha hecho que las fronteras se atenúen y la diferencia ahora está dada más por los diferentes niveles de profesionalismo que por las que puedan aportar los propios futbolistas”.

He aquí uno de los elementos que la Modernidad y su inherente globalización han filtrado al deporte y, en este caso, al fútbol: la emigración casi obligada y prematura en muchos jóvenes que no pueden sino seguir los pasos que impone el mercado. “A mí me gustaría tener una selección que tuviera todos los futbolistas jugando en mi país, para poder tener más tiempo para que entrenen conmigo, pero los futbolistas emigran, que es algo que no podemos evitar”, señala, “pero si yo logro darles un sentimiento nacional, el deseo de jugar con su selección, ganamos la batalla porque ellos están creciendo en un medio muy exigente, muy superior a la exigencia que pueden tener en el medio local”. “Esta situación de que casi todos los jugadores estén en el exterior, genera inconvenientes, porque vienen de las lesiones o un jugador no juega porque su entrenador no lo usa o por problemas de rendimiento y esta dificultad es bastante diferente a las que se tienen en los clubes donde tienes a disposición continuamente a los futbolistas, donde es más fácil que se vea la supuesta mano del entrenador”, expone.



La charla discurre por la multitud de caminos que se abren de los troncos comunes que identifican a este deporte. Qué hay del universo de los clubes, cuál es su método de captación de conceptos aplicables y cómo ha evolucionado su eterno aprendizaje tras su paso por Europa.

Observo al Madrid, al Barcelona, al Manchester United, a la selección española, a la selección alemana, al Athletic de Bielsa y de todos se saca algo”, advierte. “Tratamos de descubrir qué es lo que han hecho para que el equipo plasme en la cancha lo que se ve”. Tabárez detiene su exposición para recordar con una mezcla de nostalgia y orgullo cómo dirigió al Peñarol campeón de la Copa Libertadores en 1987 “tratando de apuntar a las personas, de dar significado a lo que estábamos encarando y dar espacio al pensamiento positivo, de convencer que se podía ganar” y lo consiguió, guiando a un equipo con una media de edad menor de 23 años.

“Cuando se tiene la fortuna de conseguir un triunfo o ganar algún torneo, se genera un crecimiento de la autoestima, del sentimiento de pertenencia al grupo, de que ese grupo se sienta seguro a través de la coherencia que ve en la planificación, porque el futbolista funciona como cualquier persona pero siempre es muy perspicaz para ver si hay una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Esa coherencia de una estructura del cuerpo técnico es muy importante y esta es la única manera de trabajar que a nosotros nos permite subsistir”.

Cuando vine a Europa a entrenar -en Cagliari, Milán y Oviedo- creo que no tenía tan asumido como tengo ahora los conceptos de los que estuvimos hablando y no fui tan consciente de las dificultades que siempre se encuentran al ir a un medio desconocido”, confiesa. “En ese estado de cosas, un entrenador extranjero tiene que demostrar más rápidamente que otro que no lo es”. El aprendizaje extraído de la fría experiencia europea señala al “Maestro” uruguayo que “no me puedo definir a mí mismo pero tengo mucho más claro qué soy como entrenador”. “Hemos intentado lo mismo en todos los lugares donde estuvimos respecto a formación del grupo, cohesión, respetar a la persona, incorporar juveniles y esto requiere mucho tiempo”, explica. “Por eso yo admiro mucho a Mourinho profesionalmente, porque es un entrenador que va a diferentes medios y logra resultados rápidamente, lo que habla de una gran capacidad y de dones para mentalizar con rapidez y hacer planificaciones que hacen muy competitivos a sus equipos”


Guardiola -se apresura a aclarar completando la casi mención obligada a la otra escuela que predomina en Europa- está en los anales de la historia del fútbol”. “Más allá de todo lo que ha hecho”, prosigue “es representante de conceptos futbolísticos y de una manera de sentir que le vienen de su época del jugador y que tiene mucho que ver con esa institución en la que estuvo y con el sentimiento nacional que hay en esa región”. “Por suerte el fútbol es amplísimo y da espacio a los distintos estilos, porque lo lindo es que muchas veces se puedan confrontar”, puntualiza.

Concluimos la conversación con el seleccionador americano de referencia recorriendo los últimos dos caminos que quedaban por transitar. La conciencia de lo efímero de los ciclos en el deporte y en la existencia y el lubricante que la docencia constituye para el fluir de un vestuario.
Soy consciente de que en el fútbol y en la evolución de los pueblos, todo tiene un nacimiento, un apogeo, una decadencia y, por lo tanto, una finalización. Si le pasa a las civilizaciones, por qué no va a pasar a un equipo de fútbol. Uno veía jugar al Barcelona y le parecía imposible que pudiera perder”. Tabárez, que a pesar del relevante peso que otorga al trabajo de planificación de circunstancias y medición de espacios de riesgo, reconoce un papel inherente al azar en el fútbol, señala que “esta ha sido la historia del fútbol, pero cuando miramos la historia de este deporte disfrutamos con lo que nos han dejado esos grandes equipos y entrenadores y, por eso, yo me felicito de todavía estar en este mundo y haber visto todo esto que ha hecho Guardiola”.


Los nexos académicos en el trabajo de Tabárez encuentran protagonismo no solo en la labor psicológica, sino que guardan un lugar destacado en la metodología, no en vano, el seleccionados nos explicó que “tenemos un programa proporcionado por jóvenes ingenieros uruguayos que un día se presentaron con su producto, que era su tesis de grado en su universidad y lo vimos bastante similar a algunos productos que yo había conocido en Europa pero con un grado de desarrollo superior al que yo creía que podían hacer unos chicos que superaban los 20 años en Uruguay”. Y desde entonces apoya la planificación de partidos en esta herramienta, que completa “todas esas cosas esperan a los futbolistas cuando llegan aquí desde sus clubes”.

La figura del entrenador ha evolucionado. Cuando le hablaba de la época dorada del fútbol uruguayo se cuenta que no había entrenadores o no se le daban importancia, porque allí importaban los grandes jugadores y los líderes y eso ha ido evolucionando”, explica. “Uno tiene que ser consciente que maneja personas, que están en determinada situación, en régimen profesional que les pone en situación de conseguir cosas muy importantes, que son idolatrados, son iconos muchas veces y el futbolista ha pasado a ocupar el lugar que cuando yo era adolescente ocupaban los ídolos de la música o del cine”. “Entonces, como esas personas están en una situación especial y muchas veces son chicos de 22 años e incluso menos, creo que la profesión de entrenador se vincula indisolublemente a la condición de educador”, argumenta.

Menotti, una vez parafraseando a Sócrates, dijo que el que solo sabe de fútbol ni de fútbol sabe”, destaca. “Más allá de que hay estilos de entrenador, creo que la relación personal siempre va a existir con el futbolista y hay que tener un grado de reflexión sobre esos temas porque el devenir de los acontecimientos ponen en esa situación al entrenador y hay que estar preparado”. Tabárez, que dirigirá a la selección charrúa en la travesía de la clasificación para el próximo Mundial y tratará de tumbar la brillantez española en la Copa Confederaciones, cierra su exposición compartiendo alguno de los placeres que le ha reportado el balompié como consecuencia de su idiosincrasia y que definen un estilo de vida conectado ineludiblemente con el fútbol: “Una de las mejores cosas que vive un entrenador es cuando después de un tiempo se ve con un futbolista que ha sido suyo y se saludan como si se hubieran visto el día anterior. Eso no creo que sea solo por lo que uno le haya hecho ganar”.

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