Opinión

Turquía y la UE

Miércoles 06 de febrero de 2013
En una reunión con su homólogo checo el primer ministro turco, Recep Tayip Erdogan, afirmaba que el tiempo que lleva Turquía esperando para formar parte de la Unión Europea es “imperdonable”. Reconocía que una de las mayores dificultades estriba en la negativa a aceptar el acuerdo de Ankara, por el que Turquía debe abrir su espacio aéreo y sus puertos a las aeronaves y buques chipriotas. Pero hay más. De los 35 capítulos que deben ser negociados por cualquier país candidato, sólo 13 han sido abiertos por Turquía, 17 han sido bloqueados, siete aún no han sido abiertos y sólo uno, el de ciencia e investigación, ha sido cerrado.

Hace poco más de un año, las autoridades turcas ya amenazaban con dejar en suspenso las relaciones de su país con la Unión Europea si Chipre asumía la presidencia rotatoria de la UE en 2012; algo que, como se ve, quedó en una mera bravata. Si Erdogan quiere que su país forme parte de la UE, lo primero que debe hacer es enterarse de cómo funciona la institución a la que desea pertenecer. Hay 27 estados soberanos, con igualdad de derechos y obligaciones, entre las que figura la presidencia rotatoria cada seis meses.

Que Turquía no está de acuerdo, perfecto; nadie le obliga a que lo esté. Pero entonces que tampoco pretenda entrar en algo en lo que no cree y hacia lo que alberga una indisimulada hostilidad. Y de paso, que explique si el “modelo turco” que quiere imponer a los estados de la “primavera árabe” tiene como característica la brusquedad y la torpeza en las relaciones exteriores que tanto practica hacia Occidente. Especialmente, un discurso que pasa por flirtear peligrosamente con un mal llamado “islamismo moderado” -diametralmente opuesto a la idea de Atatürk- y en mantener una postura ciertamente beligerante en lo que se refiere a relaciones con países como Israel, Grecia o Chipre. No son, desde luego, las mejores credenciales para entrar en la UE.

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