Viernes 08 de febrero de 2013
El oportunismo de Cristina Fernández no tiene límites. No titubea ante la mínima oportunidad de apoderarse de ciertas situaciones, para poner determinadas coyunturas a su favor. Tal es el caso de la denuncia presentada estos días por la Fiscalía de los Estados Unidos contra Standard & Poor’s (S&P), por orquestar un supuesto esquema para defraudar a los inversores con productos financieros, algo que la mandataria de Argentina ha capitalizado a su conveniencia para advertirle a las agencias calificadoras que operan en el país suramericano, de que de no “hacer bien su trabajo” podrían correr el riesgo de ser “sancionadas” con la “inhabilitación”.
Si bien las calificadoras en cuestión no gozan de mucha popularidad en estos tiempos de crisis, ya que sobre ellas corre parte del peso de ser uno de las grandes responsables históricos de la crisis al valorar de forma muy cuestionable activos basura de sus propios clientes. Y responsables hoy también de la inestabilización de los mercados internacionales, al extremo de jugar con los nervios del consumidor de pie de calle. Sin embargo, lo cierto es que la Sra. Fernández no es precisamente un ejemplo de gestión y transparencia en lo que administración de Estado se refiere.
En su afán oportunista, la mandataria aprovechó la polémica de S&P para señalar también que el Fondo Monetario Internacional (FMI) no es, lo que coloquialmente se conoce como trigo limpio, por aquello de que la entidad financiera ha apuntado a que contempla adoptar medidas contra el Gobierno de Buenos Aires, por las irregularidades que presenta su sistema financiero, sin olvidar que ha evadido las auditorias anuales.
No tratamos de santificar al FMI o S&P, purificando su imagen pública, pero la presidenta Fernández en vez de dedicarse hacer leña del árbol caído,- actividad que parece complacerla de sobremanera-, debería ocuparse de los asuntos que realmente atañen a su país, que presume de una de las tasas inflacionarias más altas de América y el mundo, la cual cada fin de mes se ve reflejada en los golpeados bolsillos de los argentinos.
TEMAS RELACIONADOS: