Cultura

[i]Colección Cranford. Out of the house[/i]: ¿por qué es arte?

Crítica de arte

Domingo 17 de febrero de 2013
La colección Cranford de arte contemporánea reunida por los británicos Muriel y Freddy Salem puede verse por primera vez en público en una exposición organizada por la Fundación Banco Santander. Pinturas, esculturas, instalaciones, vídeos y dibujos forman parte de un recorrido en el que el arte británico y alemán creado por artistas nacidos en la década de los 50 y los 60 reivindica una forma de hacer arte no siempre comprendida, pero de la que emana una profunda reflexión y que exige una actitud crítica por parte del espectador.


Cuando el filósofo y crítico de arte Arthur Danto planteó que ya no había que preguntarse por qué es arte y qué no es arte, sino por qué algo es arte, el mundo asiste a profundos cambios sociológicos, económicos y políticos como Mayo del 68. Los artistas, como sujetos participantes de esa transformación, son liberados de las narrativas tradicionales –pintura, escultura y arquitectura-, lo que conlleva que ningún lenguaje se posicione como más valorado que otro, es decir, que no cabe una sola dirección.

Herederos de aquel espíritu de los años sesenta profundamente reformador se erigen a día de hoy figuras del arte contemporáneo nacidos por aquellos años y que deben su obra a los logros alcanzados por el arte pop, el minimalismo o el conceptualismo. Los trabajos de algunos de ellos, como Damien Hirst, Rebecca Warren o Jim Lambie, han sido reunidos en una exposición en la Fundación Banco Santander en Madrid, en la que ofrece al visitante la oportunidad de contemplar por primera vez la colección Cranford de los británicos Muriel y Freddy Salem, quienes han prestado para esta ocasión 92 obras de 26 artistas, de las más de 700 piezas que albergan en su casa, donde habitualmente tienen expuestas algunas de ellas.



El hecho de que la exposición se encuentre ubicada en la ciudad financiera del Banco Santander, en Boadilla del Monte, no debe ser impedimento para aquellos familiarizados con el arte contemporáneo por albergar piezas de gran interés. La exposición incluye pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones, dibujos y vídeos, lo que denota el amplio abanico de posibilidades utilizados por los artistas contemporáneos para expresarse.

Entre las obras más destacadas figuran las de la británica Rebecca Warren, cuyas esculturas creadas con barro permiten intuir la huella de la artista, lo que denota su vínculo con la escultura tradicional, si bien remiten al fetichismo del cuerpo femenino como se observa en La señora del tronco, 2003, cuyo volumen y rasgos anatómicos desproporcionados remiten a formas prehistóricas como las Venus paleolíticas.



Karla Black es otra artista británica que ahonda en las cuestiones de género y en la teoría feminista que surge en la década de los 60 auspiciada por la puesta en cuestión del “yo ideal” dominante, es decir, del hombre occidental, blanco, heterosexual y de clase media. Resulta significativo atender en sus obras al uso como herramienta artística de objetos cotidianos vinculados a la mujer como el lápiz de labios, la sombra de ojos, el lápiz corrector o el bronceador. A través de ellos y de otros materiales como el papel, la tiza o la madera da forma a dos obras tituladas La división no es y La división.

Mona Hatoum, nacida en Líbano, deja huella en sus obras de su interés por desvincular objetos cotidianos relacionados culturalmente a la mujer y a las tareas que ha de desempeñar transformándolos en objetos extraños o teatrales. Así ocurre en Mano a mano, creada a partir de la unión en círculo de guantes de piel cosidos con nailon unos a otros, o Biombo-rallador, que muestra ralladores gigantes unidos a modo de esta pieza de mobiliario.

El feminismo emana de la esencia de muchas de las obras firmadas por mujeres y reunidas en la exposición, como también ocurre en las creadas por Sarah Lucas, londinense y vinculada al fenómeno Young British Artists, quien plantea en El canalla una lectura mordaz de la superioridad de la sexualidad masculina frente a la femenina situando un pene de grandes dimensiones creado a partir de la unión de cigarrillos frente a unas piernas de mujer ataviadas con medias rojas - guiño quizá a lo frívolo-, pero sin tronco, en actitud de penetrarla.

Entre las instalaciones expuestas, Dulce exorcista de Jim Lambie es una de las que admiten más lecturas, ya que hace patente la necesidad del espectador como parte integrante de la obra en el sentido de que sólo rodeándolo se aprecia todo su potencial. Igualmente resulta interesante Cubik (en tu cara), creada con madera, pintura satinada y zapatillas de deporte. ¿Acaso es posible leer en ella una crítica al consumo por la manera en que la mole de madera aplasta a las zapatillas de deporte de colores y de diferentes marcas?



Martin Kippenberg parece reflexionar en Bombas de colores, una estantería en la que apila lienzos pintados, sobre el peligro de compartimentar el arte, de encorsetarlo y de retornar a los modelos cerrados.

Damien Hirst, por su parte, ahonda en la cuestión existencial de la vida y la muerte en Algo o nada, consistente en dos vitrinas de acero inoxidable que albergan peces inmersos en formol y esqueletos de peces en un intento por unir el durante y el fin de los seres vivos, a lo que ayuda la inclusión de espejos en la obra, que invitan al espectador a preguntarse sobre la fragilidad de la existencia. En la misma línea crea Salvación /condena a partir de mariposas y moscas reales pegadas con barniz y resina. La negritud de la masa de moscas contrasta con la viveza del color de las mariposas.

Información sobre la exposición:

Lugar: Ciudad financiera del Banco Santander, en Boadilla del Monte (Madrid).

Fechas: del 9 de febrero al 16 de junio.

Horario: de lunes a viernes de 10:00 a 17:00 horas / sábados y domingos de 10:30 a 14:30 horas / festivos cerrado.

Entrada: gratuita.

TEMAS RELACIONADOS: