Guillem Rosselló | Lunes 11 de febrero de 2013
En un país en el que cuando los propios inspectores de su Banco Insignia, el de España, acusan a los Gobernadores y máximos dirigentes de esta institución de haber hecho la vista gorda con sus bancos y cajas amigas, en lugar de vigilarlas como era su cometido, y la justicia no hace nada, este país tiene una mala marca, la de amiguista. Un país en el que se acusa al contable del principal partido político, el PP, de haber repartido sobres con dinero -cada día salen más casos que admiten haberlos cobrado- pero se pretende separar a éste partido de tales artimañas y el presidente de tal partido y país no dimite, es un país con una denominación de origen: la de bananero. Un país donde ese presidente se permite la bobada de decir que para demostrar su inocencia en lo de los cobros “extraños”, enseñará su declaración de la renta, queda demostrado que tal presidente toma a sus ciudadanos por estúpidos, y el país cae en la marca de analfabeto. Un país en el que su presidente permite que las ayudas europeas solo salven a los bancos que han dado más crédito del que debían, en lugar de desahuciarlos y dejan de salvar a la gente que le ha votado, es un país con el gobierno vendido a los grandes poderes y pasa a denominarse democracia de pantomima. Un país con seis millones de parados, en el que un reyezuelo como Bauzá -va guardado por policías, el único al que le ha sucedido eso-, el líder del PP Balear, cree que se puede negar a hacer públicas sus cuentas, es un país con la marca de medieval. Un país en el que un tal Urdangarin puede quejarse, con lo que ha hecho, de peligro de pobreza, es un país de sinvergüenza aceptada, y él, un tío que tuvo la vida arreglada, demuestra que su fin era su bolsillo y no el reino, y que pasa de la marca España. En fin, que un país donde solo los pobres van a la cárcel, porque los ricos son indultados por el PP y por el PSOE es un país preilustrado.
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