Enrique Aguilar | Miércoles 13 de febrero de 2013
En un nuevo intento por tapar la realidad, el gobierno argentino dispuso un congelamiento de precios hasta el próximo 1 de abril. En ese caso se trata de la realidad inflacionaria que, según las estadísticas oficiales (recientemente merecedoras de una declaración de censura por parte del FMI), habría alcanzado un porcentaje de 10,8 durante 2012 en lugar del 25 % que atestiguan las góndolas y los bolsillos de los ciudadanos.
Asimismo, y con la obvia pretensión de silenciar a los medios independientes afectando sus fuentes de financiamiento, el gobierno innovó con otra medida tan insólita como arbitraria: prohibió a las cadenas de supermercados y electrodomésticos publicar sus ofertas semanales.
Esta suma de arbitrariedad y mentira a la que nos vamos habituando también se deja ver en las decisiones en materia de política exterior. Véase, si no, la propuesta de un memorándum de entendimiento con Irán que, entre otras cosas, supone implícitamente la renuncia de nuestro país a hacer valer la orden de captura internacional para alguno de los sospechados por el atentado a la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina) que, perpetrado en julio de 1994 con un saldo ochenta y cinco muertos, permanece todavía impune. Las sospechas recaen sobre funcionarios del régimen iraní y Argentina incluso (por boca del ex presidente Néstor Kirchner) había denunciado a Irán ante la Asamblea General de la ONU por su falta de colaboración para esclarecer el atentado.
Sin embargo, el gobierno parece empecinado en querer aislarnos del mundo al granjearse ahora la amistad de un país acusado, para colmo, de fabricar armas de destrucción masiva y que no ha ocultado su negativa a reconocer el Holocausto ni sus deseos de ver desaparecido el Estado de Israel. Como escribiera un prestigioso comentarista, “a estos extremos de sinrazón política se está acercando Cristina Kirchner”.
Lo más probable es que la realidad termine imponiéndose a la mentira. Mientras tanto, atizar la crispación de la gente (justificando, por ejemplo, los “escarches” de que han sido víctimas en estos días el vicepresidente de la nación y el viceministro de Economía) no servirá de nada. Sería hacerle el juego a un gobierno que se aprovecha de los antagonismos que siembra a su paso y por los cuales, algún día, lo juzgará la historia.
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