El periodista Sergio Vila-Sanjuán es el último ganador del Premio Nadal gracias a su segunda novela, Estaba en el aire, en la que relata una historia familiar ambientada en la Barcelona de los años 60, una época de contradicciones en la que la sociedad de consumo se abría paso y la ciudadanía se modernizaba al tiempo que la dictadura ponía freno a sus aspiraciones.
Su primera novela está basada en una historia familiar que le contó su abuelo, algo que vuelve a hacer en Estaba en el aire. ¿Qué tiene su familia para ser tan literaria?Las familias dan mucho de sí, ya lo dicen los psicólogos. Lo que ocurre es que hay que encontrar las anécdotas y los hilos conductores que hacen posible novelar los acontecimientos. Como vengo de una familia de periodistas -mi abuelo y mi padre lo eran-, creo que por deformación de la profesión hemos sido generadores de historias, aunque no siempre hemos podido publicarlas. Así que cuando empecé a escribir narrativa, opté por contar lo que había oído desde niño de boca de mi abuelo y de mi padre antes de explorar otros territorios literarios.
Imagino que sin centrarse en asuntos banales o puramente cotidianos.Claro. No quería quedarme en la anécdota. He pretendido contar una historia iluminadora sobre la condición humana y sobre su tiempo. En mi primera novela escribí sobre un cambio de favores entre dos personas de ideologías muy opuestas que terminaron salvándose la vida. Esta vez relato una historia que me contó mi padre y que versa sobre el programa de radio de los 60
Rinomicina le busca , que buscaba a desaparecidos de la guerra.
¿Es una de esas historias que los padres cuentan con insistencia?En realidad era yo quien se la hacía repetir. Era un niño curioso, así que me encantaba escuchar historias contadas por mi madre o mi padre. Les pedía que me las repitieran cuando las tenía algo olvidadas.
Pero, no es lo mismo escucharla de niño que ponerla por escrito como adulto. ¿Ha cambiado su apreciación?Lo que me ha pasado es que he aprendido más sobre el tema, porque lo que había llegado a mis oídos en forma de fábula lo he contrastado ahora con los recursos propios del periodismo, es decir, que he recurrido a hemerotecas y a testimonios de la época. Gracias a eso he logrado dotar de objetividad periodística a la novela.
La trama transcurre en los años 60, una década fundamental por los cambios sociales, políticos y económicos que se sucedieron, sobre todo en países como Estados Unidos y Francia. ¿Aquí vivíamos en la inopia?Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia fueron los que lideraron aquel tiempo de cambio. El resto del mundo les siguió la estela. Alemania, por ejemplo, fue a rebufo igual que España, aunque con la diferencia de que aquí había una dictadura. Sin embargo, fue en aquella década cuando se consolidó en España algo tan fundamental como la clase media. Desde hacía cinco siglos, la diferencia entre los que tenían mucho y lo que tenían poco era muy radical.
Una clase media vinculada a la naciente sociedad del consumo de la que habla en la novela…Sí. La economía española mejoró por el plan de estimulación de los tecnócratas. La industria comenzó a desarrollarse en serio, lo que abrió paso a una publicidad renovada desde el punto de visto del impacto visual.
¿Barcelona fue una ciudad aventajada?Sí. En ese momento era una gran ciudad en la que el control franquista estaba un poco más diluido y se vio beneficiada por estar situada cerca de Francia, así como por tener mar. Además, Barcelona contaba con una gran tradición publicitaria. En la década de los 60 se instalaron varias agencias que se inspiraron en la publicidad norteamericana para crear sus trabajos. De este tema no se había hablado demasiado en la literatura española. Se han escrito ensayos, aunque no muchos y muy recientes, pero no así desde un punto de vista narrativo.
¿Pudo ayudar esa especie de aislamiento del que habla para que Rinomicina le busca no sucumbiera a la censura hasta dos años después de comenzar a emitirse?El programa de radio duró dos años, tiempo durante el que fue sometido a una presión paulatina, aunque no inmediata y directa. El sistema tenía ojos en todos los lados, así que la radio también estaba controlada. Creo que la presión fue ejercida en la misma proporción que si se hubiera emitido en Zaragoza o Sevilla.
Aunque hoy no estemos sometidos a ese tipo de censura, ¿se puede hablar de autocensura?Lo que creo es que el poder siempre intenta manipular a la prensa. El periodista está vigilado. Obviamente no tiene nada que ver el control ejercido por una dictadura que por una democracia. Tener que lidiar con una presión política en los 60 con una en 2013 no es comparable.
¿La profesión ha perdido algo de su esencia?Creo que el cambio al que hemos asistido es perceptible en la forma en que se comportaba la sociedad española de antaño, más ingenua y posiblemente más cálida en cuanto a relaciones humanas, mientras que ahora somos más fríos y resabiados. Otro aspecto en el que he caído al escribir este libro es que en los 60 comenzó una etapa de prosperidad que nosotros estamos viendo acabar ahora. Hasta entonces la gente vivía de una forma muy austera. En las casas la ropa se aprovechaba y los zapatos se llevaban a remendar. Fue en los 60 cuando se abrió paso una etapa consumista que trajo consigo una forma de vida más despreocupada. Aquella prosperidad se ha mantenido durante décadas hasta que hace cuatro años hemos vuelto a una situación de austeridad.
También hace un retrato de la burguesía barcelonesa. ¿Ese elitismo ha desaparecido?Más que referirme a la burguesía, de lo que hablo en la novela es de la alta sociedad, un fenómeno propio de las grandes ciudades en las que la gente adinerada formaba un grupo de 40 o 50 familias que se relacionaban entre sí, hacían fiestas y eran amigas del alcalde o del gobernador civil, entre otras cuestiones. Funcionó mucho durante la dictadura. Durante la democracia está más controlada, aunque sigue existiendo. Es un tema que, a mi parecer, da mucho de sí desde el punto de vista literario porque permite escribir sobre las relaciones de poder o sobre el
glamour de la época. Eso me ha resultado atractivo.
Cuenta que en los 60 era habitual que se sacara el dinero fuera del país, una práctica muy de actualidad…Los ricos españoles tienen esa costumbre bastante arraigada. Sucede desde principios del siglo XX. Creo que se debe a que temen que haya una situación política adversa y los deje sin capacidad de reacción.
Se refiere a aquella década como una etapa de tinieblas. ¿Hemos logrado disiparlas?Creo que fue un tiempo de contradicciones en el que se logró salir de las tinieblas en busca de la luz. Sería algo así como si hubiéramos pasado del blanco y negro al tecnicolor. Hubo una tendencia a la liberación y a la modernización en todos los ambientes de la sociedad de entonces. El problema es que aunque la gente buscó la libertad, se encontró con cortapisas. Aunque muy lentamente, se produjo el cambio gracias a pequeñas rebeliones de individuos aislados. En eso sí que Barcelona era vanguardia en la sociedad española.