crónica económica
Miércoles 20 de febrero de 2013
El guión de Mariano Rajoy era más o menos predecible. La herencia recibida. Quisimos llevar a cabo una política de bajos impuestos, pero nos encontramos un engaño en forma de déficit. Renunciamos a ello en aras del mejor gobierno. El paro ha subido, pero ¿cómo nos pueden exigir que baje con la actividad decreciendo? Y la recuperación está ahí, la podemos tocar con la punta de los dedos: El sector exterior, con su reducción del déficit comercial y el superávit, en el curso del último año, en la balanza de pagos. Es más, todo este esfuerzo da sus frutos, porque hemos cerrado 2012 con un déficit por debajo del 7 por ciento.
Pero el gran argumento del presidente del gobierno, Mariano Rajoy, es otro: “Nos dirigíamos a una práctica suspensión de pagos”, “España ha superado en 2012 los peores riesgos financieros y las mayores amenazas económicas que ha conocido en muchos años”. Y la guinda final: “Nadie desde fuera apostaba por España hace un año. Nadie desde fuera dice hoy que España no logrará salir adelante”. Este es el núcleo del mensaje económico de Mariano Rajoy. Y funciona. Funciona, porque es creíble. Y es creíble porque es real.
Estamos en lo peor de esta crisis. No porque la actividad y el empleo caigan como nunca lo han hecho. La degradación económica fue mucho más rápida en 2009. Es lo peor porque partimos de un punto más bajo, y porque estamos financiera y económicamente exhaustos. Eso ya lo sabemos. La cuestión es si los recortes y las reformas del Gobierno tienen sentido, si funcionan, si son útiles. Y tanto el Gobierno como los analistas dicen que lo son. Las críticas, desde el mundo del análisis económico, son que los impuestos tienen una dudosa eficacia, y que el resto de medidas no es que estén mal encaminadas, es que son insuficientes.
Y si la crítica que queda es esa, Rajoy se ha blindado anunciando nuevas medidas. Una de ellas, largamente exigida por los trabajadores autónomos. A partir de 2014, los autónomos y las Pymes con un volumen de negocio inferior a los dos millones de euros no tendrán que pagar el IVA hasta que hayan cobrado las facturas que se corresponden con ese impuesto.
Pero hay más. Un contrato temporal para jóvenes, que podrán realizar las ETT, bonificado y con menos trabas. Bonificaciones del 100 por ciento de las cotizaciones en la contratación de menores de 30 años para autónomos y empresas de menos de 9 empleados. Contratos a media jornada para jóvenes que se estén formando, con bonificaciones del 75 al 100 por ciento de las cuotas de Seguridad Social. Y un autoempleo bonificado con el pago de 50 euros al mes de cuota de la SS. Los jóvenes, además, podrán compatibilizar el trabajo y la percepción de la prestación durante nueve meses. Los parados podrán capitalizar la prestación (los menores de 30 hasta el 100 por cien), y deducírsela del IRPF.
Más. El ICO ampliará sus líneas de crédito hasta los 45.000 millones de euros. Y se prorroga el plan de pago a proveedores, con el complemento de que se transpondrá la directiva europea que aumenta los intereses de demora y establece, para las operaciones privadas, un plazo de 30 días, ampliable a 60. Pero quizás la medida más llamativa, por la que Luis de Guindos ha luchado, sea la creación de un mercado de renta fija para las empresas. Todo ello para que la economía pueda financiarse mejor, en un momento en el que todavía los bancos no van a aflojar el crédito.
Uno de los cambios de mayor calado es la creación del “emprendedor de responsabilidad limitada” y se pone en marcha la figura de “la segunda oportunidad”. Habrá ayudas a la rehabilitación y al I+D+i. Más algunos beneficios fiscales a las empresas.
En definitiva, Mariano Rajoy había ganado el debate antes de que Alfredo Pérez Rubalcaba subiese al estrado. No lo ha hecho mal. Pero no ha sido suficiente. Ha lamentado que el gobierno socialista no lo hubiera hecho mejor. Pero con ello no ha ganado credibilidad. Ha sido eficaz al señalar que el Rajoy gobernante ha tenido que guardar en un cajón al Rajoy candidato, pero estamos juzgándole como gobernante. Y ni ha criticado las propuestas de Rajoy, ni ha planteado otras alternativas. No es su papel. No se lo podemos exigir. Es el líder de la oposición. Pero no ha dado un golpe de efecto como el de Rajoy.
Mariano Rajoy ha dicho en el Parlamento: Yo he asumido mi responsabilidad. He gobernado, lo he hecho razonablemente bien, ahí empiezan a verse los resultados, y voy a seguir gobernando. Y sólo con eso le ha bastado para ganar el debate.
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