Opinión

Artur Mas impone la dictadura del miedo en Cataluña

Joaquín Vila | Jueves 21 de febrero de 2013
Ocurren muchas cosas raras e inexplicables en Cataluña. Cuando se produce una consulta electoral, los partidos que defienden la independencia obtienen la mayoría en el Parlamento. Pero, cuando se realizan consultas al respecto, buena parte de los encuestados se manifiestan en contra de tal independencia. Y en casi todas, obtienen la mayoría. Y eso significa, que, en el fondo, los más sensatos, los que no están envenenados por la feroz propaganda nacionalista, no quieren la independencia.

Pero la polémica se ha convertido en un auténtico laberinto. Y esto ocurre por varios motivos. La propaganda lanzada sin pudor por la mayoría de los medios de comunicación catalanes, subvencionados suculentamente por la Generalidad, defienden con uñas y dientes la política de Artur Mas y sus acólitos y ocultan sus desmanes económicos y de gestión. Su argumento preferido es el victimismo. Todo aquel que ose criticar a los nacionalistas es acusado automáticamente de anticatalán. De estar en contra de la voluntad de los ciudadanos. Del cursi “derecho a decidir”

También es sabido que la educación es el germen de esa expansión del secesionismo, ligado al odio a nuestra nación, aunque no quieran reconocer que también ellos forman parte de España. Los libros de texto están manipulados hasta extremos inconcebibles. Los manuales de Historia o de geografía inculcan a los estudiantes ese odio y ese mirarse al ombligo como si fueran el centro del mundo. Por eso, las nuevas generaciones, a medida que tienen la edad de votar, se inclinan por los partidos más radicales y secesionistas. Y el que hable castellano, castigado de cara a la pared.

La ley de Wert es un intento inteligente y valiente de atajar esta barbaridad. Todo aquel que quiera estudiar en castellano tiene derecho a ello. Pero no hay que chuparse el dedo. No se cumplirá. Habrá que ver, entonces, qué hace el Gobierno.

Pero, en realidad, Cataluña está partida en dos. El mejor ejemplo es el PSC. Los socialistas catalanes están divididos. Unos se sienten independentistas y republicanos. Otros, no. Y Rubalcaba se muestra incapaz de poner orden en sus filas. La intervención del líder del PSC, mientras se celebraba el debate sobre el Estado de la Nación, es la prueba de que por aquellos lares cada uno va a su bola. El propio Rubalcaba se llevó un susto de muerte cuando se enteró de la diatriba antimonárquica del ínclito Navarro. Pero ni una palabra de crítica. El líder del PSOE no se ha atrevido a pararle los pies y a declarar públicamente que ése no es el objetivo de los socialistas. Más bien, el contrario.

Pero también sabe Rubalcaba que una escisión en el PSC sería el fin del PSOE, pues se quedaría a la intemperie sin los diputados catalanes. De ahí, su cobardía y su silencio.

Los catalanes, en realidad, están a la greña. Hay una dictadura del miedo que impide a ese alto porcentaje de catalanes que se sienten españoles a expresarse en libertad. Saben que las represalias serían descomunales. Pero también saben que si Cataluña se independizara, cosa que no ocurrirá, se quedarían aislados del mundo y arruinados. Pues ni Europa ni España contarían con ellos para nada. De ahí, la mayoría de encuestados que se oponen a la independencia.

Por fortuna, Rajoy ya ha advertido que la resolución del Parlamento catalán es inconstitucional y la Abogacía del Estado prepara un recurso ante el TC. Tarde o temprano, más bien tarde, como siempre, el Alto Tribunal se pronunciará en contra de la resolución parlamentaria. Y por mucho que fanfarronee, Artur Mas no podrá hacer nada. Incluso, podría ser inhabilitado como presidente de la Generalidad.

El bochinche es de proporciones mayúsculas. Zapatero les dio alas empeñándose en sacar adelante el nefasto Estatuto y ahora el pobre Rajoy se encuentra con la papeleta de poner toda la carne en el asador y situar a Artur Mas en su sitio. Pero la batalla será larga y dura, Y, mientras, los catalanes a la greña. Unos vociferando por las calles consignas secesionistas y quemando banderas españolas. Los otros, pertrechados en sus casas y calladitos. Por si acaso. La dictadura del miedo impera en Cataluña.

Como en el País Vasco desde hace mucho. Y, ahí está el PNV, que se ha unido a Pere Navarro para pedir también la abdicación del Rey. Los nacionalistas ya no saben qué hacer para provocar y llamar la atención. Cuatro gatos que no paran de dar la tabarra. Porque son cuatro gatos, pero con las garras afiladas y envenedadas.

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