José Antonio Ruiz | Viernes 22 de febrero de 2013
La caja fuerte de la sede pepera de Génova la imagino como el camarote de los Hermanos Marx. Dentro cabe España entera, incluidos los renegados que se empeñan en ser extranjeros y aquellos otros que de haber podido elegir ya nos hubiéramos exiliado camino del universo inexplorado, huyendo de tanto mameluco como anda suelto, dicho sea sin faltar a nadie.
Si me apuras, puede que hasta quede un hueco libre para el pobre elefante africano origen de tanto infortunio, e inclusive para la mancha solar gigante que ha descubierto la NASA, que hace seis el diámetro de la Tierra, donde te pongas como te pongas no habrá rincón donde pueda esconderse ningún recogesobres de los que están por desenmascarar, por mucho que se empeñe en pasar incógnitamente desapercibido el resto de su vida.
¡Vaya planazo! España, en vilo, pendiente de chantajistas. Digo yo que para vivir en este sin vivir, mejor sería que se sacaran los ojos ante notario; a ver si va a resultar que por miedo a que rueden cabezas y muera hasta el apuntador, nos acaban llevando a todos por delante, inclusive a quienes pasábamos por la puerta camino de la plaza de Colón con la voluntariosa intención de arriar la bandera y enviársela por mensajería urgente a Federico Trillo, para que la ice en el mástil del balcón de la embajada londinense.
España, herniada, abracadabrante, parece empeñada en abdicar de sí misma. Y a fe que a este paso lo va a conseguir antes incluso de que podamos celebrar la efeméride del catorce de abril en el Burger King.
Spain, on the record. Año I d. ZP. Lo raro no es que hayamos conseguido sobrevivir al Septenato Zapatético; sino que milagrosamente sigamos con pulso, aun con respiración asistida, después del primer Debate sobre el Estado del Marianato.
Alguien debiera haber sugerido al presidente del Congreso, Jesús Posada, que cursara una invitación a la primatóloga Jane Goodall, de gira por España, para que se diera un garbeo por la carrera de San Jerónimo aprovechando la celebración del Circo de la Nación. Se hubiera sorprendido al comprobar la existencia de especímenes que son un extraño cruce entre el Yeti y Luke Skywalker. Más de uno debiera llevar puesta la pulsera.
Leyendo los periódicos del día siguiente y los del día después, confieso que como en casa de Josemi Rodríguez Sieiro en tiempos de matanza, he estado tentado de poner Casta Diva de música de fondo para que no se escucharan los gritos del cerdo. Si hay un óscar fijo en las quinielas concedido de antemano en la edición de este año, es para Los Miserables.
De pronto he temido lo peor al saber que según la Academia China de Ciencias Sociales, cuatro de cada diez chinos no se fía de nadie. (…) Como se les ocurra enviar a los encuestadores mandarines a preguntar en España, el porcentaje de incrédulos entre los súbditos del tal Hu Jintao va a quedar en una insignificante broma.
Hay que decir siempre la verdad, pero sin caer en el error de ser excesivamente sincero. Esto es lo que han debido de pensar Mariano y Alfredo, dos alegrías de la huerta con menos sex appeal que la última camada de chicos Almodóvar.
Rajoy no dice ni pío del “caso Bárcenas” en 39 folios, pero silba como un jilguero de los Alpes suizos por cuyas cumbres tanto gusta retozar al ex contable genovés; y Alfredo, como el casto José, pone cara de cordero degollado y denuncia, con sobreactuados golpes de pecho, la existencia de una “crisis moral” imputable a la derechona.
No me extraña que Pippa, cuyo único mérito reconocido fue el de lucir trasero melonero en la boda de su hermana, se haya enamorado de un corredor de bolsa; ni que el príncipe Enrique, uno de mis ídolos, se haya dejado ver por una fría estación de esquí tratando de hacer entrar en calor a su nueva novia.
¡Si ves dragones, haz el favor de quedarte en casa! –tuvieron que aconsejarles las respectivas de ambos, de buena mañana, antes de salir camino del Congreso, a Mariano y Alfredo, mientras le preparaban la mochila con el bocadillo, las chuches y el cuaderno azul. Pero debe ser que no escarmientan.
Ha puesto Rubalcaba tan alto el listón del cinismo y la demagogia, que pasarán muchos años hasta que aparezca por Ferraz algún aprendiz de Richelieu capaz de apuntar, como el Químico en sus mejores años, maneras de buen samaritano.
Debe resultar muy duro que hasta los propios se permitan contraprogramarte pidiendo la abdicación del Rey desde Barcelona cinco minutos antes de que tomes la palabra en Madrid. No me cabe ninguna duda de que el PSOE es el partido que más se parece a España, que está más desorientada que una lombriz ciega en un plato de fideos con tomate.
Créanme que trato de alimentar la esperanza aunque fuere en sueños infundados. Pero al final acabo viniéndome abajo al llegar a la deprimente conclusión de que difícilmente tiene salvación posible esta España insalvable contemplando al diputado pepero Luis Díaz Alperi, ex alcalde de Alicante imputado en el “caso Brugal”, cortándose las uñas en plena sesión de las Cortes Valencianas.
Confieso no haber encontrado respuesta a la pregunta de cómo se puede ser tan guarro. Cualquier día la emprende con las de los pies. Me ha recordado a un director de la SER que cuando cambió de emisora, nos dejó de recuerdo, guardada en un cajón de su mesa de despacho, una cajita llena hasta arriba de uñas, que a lo que se ve había ido coleccionando durante años como si fueran un exvoto.
La peineta de España. Curados de espanto como estamos, ya nada nos coge de susto: ni que los organizadores de la Madrid Fashion Week hayan tenido la ocurrencia de subir la persiana inaugural con un desfile de lencería sado de Andrés Sardá; ni que el Museo de Viena haya permitido el acceso a los nudistas para que puedan corretear por la pinacoteca con el colgajo colgando, al grito de “naked men”; ni que una sobrina de Aznar lo dé todo en Interviú, empezando por el tetamen y su culo photoshop, demostrando con evidencias empíricas que no tiene el bigote de su tío, a Dios gracias.
Comprendo que a Josemari le haya costado aceptar la performance de la sobrinita, como ha costado aceptar a un servidor que el Certamen Miss España se haya declarado en concurso voluntario de acreedores.
Ante tanto desconcierto, suerte que por lo demás todo haya quedado en un susto: Camela no se disuelve. Simplemente el trío queda reducido a un dúo tras la marcha del teclista, que se va a tocarla a otro lado.
En el restaurante La Camarga deberían abrir una tienda del espía o un parque temático dedicado a Sherlock Holmes. Y contratar como relaciones públicas al Clan de las Bosnias, ahora que se han quedado sin trabajo como carteristas en el Metro de Madrid.
Nada es lo que parece. No es fácil saber si nos engañan cuando aseguran que el petardazo de los Urales fue un meteorito o un misil que se desvió de su trayectoria.
Marhuenda ya no besa allí por donde pasa su ex jefe Rajoy; ahora directamente babea. (…) Y le llaman periodismo.
Aunque todo se derrumba a nuestro alrededor, a este cronista, en cambio, le está pasando algo parecido a lo de Nuria Fergó: «estoy viviendo una nueva etapa, me veo más sexy».
Otra cosa es que lo sepa apreciar Megan Fox. Un día de estos me dejo de flores y se lo digo con vino.