Cultura

[i]Blue Valentine[/i]: todas las historias tienen su final

crítica de cine

Sábado 23 de febrero de 2013
Dos años después de su estreno en Estados Unidos, este fin de semana llega a nuestra cartelera el drama romántico dirigido por Derek Cianfrance que retrata el modo en el que una pareja afronta el final de su relación y que le valió a Michelle Williams para ser nominada al Oscar en 2011.

El último trabajo del director y guionista norteamericano Derek Cianfrance viene marcado por las dilaciones en el tiempo. No sólo por lo que se refiere al estreno en España con dos años de retraso, sino también por lo que el propio Cianfrance tardó en escribir el guión y, más tarde, por las dificultades a la hora de conseguir la financiación necesaria para dar comienzo al rodaje. En relación al guión, el director ha confesado que empezó a escribirlo cuando tenía 20 años mientras sus propios padres estaban atravesando por tan duro proceso y él se sentía profundamente desconcertado. Fue, de hecho, su manera de afrontar una pesadilla que albergaba desde que era un niño, aunque tuvieran que pasar doce años y escribir más de 60 borradores para que el mismo tomara su forma definitiva.

Para el papel femenino de la pareja protagonista, Cindy, Derek Cianfrance siempre tuvo claro que quería contar con la actriz Michelle Williams e, incluso, no dudó en trasladar la acción del filme, que estaba prevista en California, al barrio neoyorquino de Brooklyn para que la joven actriz de Montana no tuviera que separarse de su hija, fruto de su relación con el malogrado actor Heath Ledger que se suicidó en 2008. Y lo cierto es que el director no se equivocaba con su elección porque Williams fue nominada por este papel al Oscar en 2011. Junto a ella, el polifacético Ryan Goslimg se encarga de dar vida al apasionado Dean, dispuesto a hacer todo lo que haga falta para conseguir a la mujer de sus sueños, Cindy, aunque luego no sea capaz de aflojar la presión o mantener la llama, que se apaga ante los ojos de ambos sin que ninguno sepa encontrar la forma de impedirlo. O, por lo menos, al espectador no se le desvela convirtiéndose en el punto más flojo de la historia. A Cindy y Dean les conocemos cuando ya están al final de su relación y lo original de este guión es que, a través de flashbacks, vemos cómo surgió la chispa entre ellos y las dificultades que cada uno tuvo que enfrentar antes de convertirse en marido y mujer.

Ambos actores, hijos igual que el director de padres divorciados, rodaron en primer lugar las escenas correspondientes a la etapa del noviazgo. Una vez realizadas, Cianfrance interrumpió el rodaje para que Michelle, Ryan y la niña que da vida a la hija del matrimonio convivieran durante un mes en la casa en la que viven los personajes con el fin de que reflejaran mejor los cinco años que transcurren en la trama de la película. El paso de los años se nota, asimismo, en los kilos de peso que ganaron los protagonistas y que ambos acompañan de esas expresiones cansadas de quienes, de forma inesperada, se encuentran sumidos en la peor de las soledades, aquella que se vive en compañía. También a causa de las metas profesionales que se han quedado por el camino, sobre todo, en el caso de Cindy, quien aspiraba a ir a la universidad para estudiar medicina pero la vida le deja como una enfermera frustrada pero, eso sí, volcada al máximo con su trabajo en un hospital. En definitiva, la cinta refleja el contraste entre lo que la pareja experimenta cuando se conoce y lo que vemos cinco años más tarde y los diálogos alimentan la amargura de un filme de esos que acaban como tienen que acabar y no como se supone que a la mayoría del público le gustaría.

La cinta toma su título del sexto álbum de estudio grabado por el compositor y cantante californiano Tom Waits de 1978, Blue Valentine o Triste San Valentín, y con un presupuesto de 800.000 euros, ya lleva recaudados más de 9 millones.

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