Jamás se nos podrá borrar de la memoria la imagen de esta Puerta del Sol sembrada de cadáveres. El espectáculo es tan atroz que ni siquiera los familiares han entrado para reconocer a las víctimas. El silencio sólo se ve roto por los relinchos de algunos caballos moribundos. Los pocos heridos han sido retirados y solo quedan los muertos. Y las muertas; porque hay mucha mujer y no pocos niños abatidos a sablazos; amputados miembros o cabezas.
Murat ha ordenado sofocar la rebelión sin piedad. Y para ello, ha utilizado a sus tropas de élite. A los mamelucos que Napoleón se trajo de Egipto y a la Guardia Imperial que viene de conquistar Europa. Las órdenes eran claras: confluir hacia la Puerta del Sol y aplastar la rebelión. En su camino, los soldados franceses han sido duramente hostigados, desde bocacalles, portales y balcones en su transcurrir desde el Retiro y el Prado. Llegaban pues los franceses con ganas de venganza y de sangre. Quien los mandaba, Doumesmil, tenía prisa por llegar a la Puerta y acabar cuanto antes. Ya habría tiempo después de ajustar cuentas.
En la Puerta del Sol los mamelucos se encontraron a dos millares de madrileños sin más armas que sus navajas y algún viejo trabuco, más peligroso para quien lo maneja que para el blanco contra el que se dispara. La carga de la caballería fue demoledora. Las curvas cimitarras y alfanjes cortaban cuando se ponía por delante. Los manolos abrían los vientres de los caballos o les cortaban los tendones para descabalgar a los jinetes que, en tierra, eran acuchillados. Pero Dios no ayuda a los buenos cuando son menos que los malos. En pocos minutos, los madrileños comenzaron a retroceder hacia Palacio, encontrándose con las tropas francesas que subían por las calles de Carretas, Montera y Arenal después de haber pasado por la puerta de Toledo y la Cuesta de San Vicente. No había escapatoria.
Hay más de mil muertos españoles. Por parte francesa, pueden ser entre 50 y 100, pero nada se ha comunicado hasta el momento de escribir estas líneas. Se sabe que hay muchos heridos por arma blanca.
Muerte de "Mustafá"Si la carnicería ha sido espantosa, no lo han sido menos algunos episodios puntuales, como el sucedido en el palacio de los Duques de Híjar. En su galopada desde el Retiro hasta la puerta del Sol, un grupo de mamelucos fue tiroteado desde dicho palacio, causando la muerte de uno de sus soldados más populares, el llamado "Mustafá", que se hizo célebre en la batalla de Austerlitz. Una vez sofocada la Puerta del Sol, un grupo de compañeros de Mustafá volvió sobre sus pasos y penetró en el Palacio, matando a cuanta persona encontraron a su paso, sin excluir a mujeres y niños, arrojando los cadáveres por las ventanas.
La saña de los franceses ha causado también muchas otras muertes. Las casas desde las que se ha disparado han sido saqueadas e incendiadas cuando no, sus moradores presos o muertos. El banquero Eugenio Aparicio fue muerto porque desde su domicilio en la Puerta del Sol salió un disparo. Y su esposa e hijos salvaron la vida saltando por los tejados.
Mientras esto sucede, la Junta Central no hace nada, sólo se limita a pedir tranquilidad a los madrileños y a excusarse ante Murat, cuyos soldados arrestan a cuanto civil encuentran por las calles, llevándolos a las prisiones de Chamartín, de la Puerta de Santa Bárbara y al cuartel de los frailes de San Gil. La impotencia toma las calles, pues la Junta, como órgano regente, carente de poder, no puedo sino observar impasible el desastre.