Opinión

El Estado de la nación

David Ortega Gutiérrez | Martes 26 de febrero de 2013
La pasada semana tuvimos el tradicional Debate del estado de la Nación, con su también tradicional reduccionismo de quién ha ganado el debate, si el Presidente del Gobierno o el líder del principal partido de la Oposición. Merece la pena recordar al lector los tres elementos constitutivos de una Nación y ver cómo se encuentran en España cada uno de ellos: territorio, pueblo y organización política.

Territorio. Desgraciadamente un elemento que normalmente no suele ser problemático, aunque en España desde el siglo XIX han existido tensiones separatistas en País Vasco y Cataluña, en estos últimos años ha alcanzado una muy preocupante tensión. La consulta por la independencia de Cataluña genera en la política española una acentuada distorsión del normal funcionamiento de las Instituciones, y pone en jaque la supervivencia del propio Estado tal y como lo conocemos hoy en el diseño, por todos acordados, no lo olvidemos, de la Constitución española de 1978.

Pueblo. Viven los 47 millones de españoles unos años especialmente duros y complicados, con un nivel de paro cercano al 26 %, unos servicios sociales que están sufriendo serios recortes, especialmente en sanidad y educación y un aumento en la presión fiscal que les hace la subsistencia muy complicada, padeciendo la crisis las capas más humildes de la sociedad, a quienes les empieza a faltar lo básico. Por no mencionar la tragedia que la vergonzante gestión del sector financiero -por parte de la clase política, con especial incidencia en las Cajas de Ahorro- está causando en muchas familias españolas que están siendo desahuciadas de sus viviendas.

Organización política. O dicho de otra forma, nuestros gobernantes y representantes políticos. Una Nación en una democracia representativa es guiada por su clase política. En este sentido, el desencuentro entre estos dos últimos elementos de una Nación (pueblo y organización política) es sin duda el mayor problema que tenemos hoy, y que marca el actual estado de la Nación. Tenemos pues un muy serio problema de representatividad, que no es extraño al resto de Europa, pero que en España, como en Italia, tiene tintes más inquietantes. La gestión ineficaz de la res pública y la corrupción, principalmente, han creado una muy preocupante sensación de orfandad del pueblo español respecto de su clase política, en la que cada vez cree menos, pues la ve -según las encuestas del CIS- más como una parte principal del problema que como una vía de solución, lo cual es realmente alarmante.

Podríamos sintetizar que evidentemente el estado de la Nación no es bueno. Que sus tres elementos constitutivos tienen una situación delicada y que en mi opinión la única vía de recuperación pasa ineludiblemente por que el pueblo, al final el elemento más vivo y determinante de una Nación, actúe con la madurez y el compromiso que la situación requiere. El momento es delicado, la Nación española está tocada, principalmente en su vida pública. Por ello cada uno de los españoles individualmente tendrá que asumir su parte de responsabilidad, la que él entienda y determine. España como Nación será fruto de la actuación de su pueblo, en eso consiste la democracia, no tiene sentido tirar balones fuera, somos los responsables de nuestra situación, por activa o por pasiva, por hacer o por dejar hacer demasiado. Es evidentemente que vivimos un tiempo histórico de cambio. Como siempre en la historia, hace falta honradez, trabajo, coraje e inteligencia por parte de todos, cada uno en su responsabilidad. Si así lo hacemos nuestro próximo estado de la Nación será más esperanzador, no podemos perder ni un año más.

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